apocalipsis conyugal
  Capítulo II - Personalidad interrumpida
 

Poco antes de que el uso de razón la permitiera a Isabel reconocer en Mary a su madre natural,  Roberto, empujado por el aburrimiento sexual, la abandonó por Gilda. Esta Trujillana, educada bajo las más estrictas normas de la idiosincrasia andina, le pareció más adecuada para establecer su familia…, definitiva…,  - pensaba él, - sin entender todavía su tendencia innata a cambiar de pareja sexual, seguramente relacionada a una condición intrínseca de su propio ser.

 

Gilda resultaba estricta, pero su comportamiento en la cama la calificaba como una excelente compañera sexual. Se abandonaba al placer en forma espontánea y se expresaba en forma tan escandalosa mientras sus efluvios, mas abundantes que en el común de las mujeres, llenaban no solamente el espacio virtual que quedaba entre sus cuerpos, sino también toda la ropa de cama hasta hacerse necesario el cambio de las mismas, una vez finalizada la ardorosa y sensual tarea. En las ocasiones cuando ella cabalgaba sobre su cuerpo, los orgasmos imposibles de fingir por constituir expresiones eyaculatorias, salpicaban la cara del amante, llevándolos a ambos a expresarlos verbalmente con gritos y expresiones placenteras, que en ella terminaban finalmente en un llanto convulsivo, haciéndole pensar a él que el centro sexual del orgasmo estaba muy cercano en el cerebro al centro de las emociones que explotan en llanto. El cerebro primitivo de Roberto quedó impresionado por esto – la combinación perfecta: una mujer seria ante todos y con  características únicas o por lo menos muy poco comunes y muy placenteras; me la quedo.

 

Esta será la madre de Isabel… – Siempre pensando en el bienestar de Isabel, en la mejor crianza para Isabel. Pero sin darse por enterado que en la medida en que se comprometía con más y más mujeres e Isabel tenía más y más hermanos, sus responsabilidades con aquellos serían mayores y la herencia para Isabel, algo que a ella misma le preocuparía mas adelante, escasearía con los años. Su capacidad para el trabajo y su productividad le permitían por momentos olvidarse que las fuerzas merman con el tiempo y que los embates de la vida disminuyen la fortaleza humana.

 

La vida en Pampam inicialmente y luego en Barquisimeto cuando el bachillerato se hizo necesario, transcurría apaciblemente, mientras Roberto ahora mas tranquilo por el cuidado que recibía Isabel, se dedicaba con mas ahínco al trabajo y a la conquista de mujeres que pudiera tener con escaso compromiso y con mínima repercusión sobre la que era ahora dueña de su familia y guardián apreciado de su hija preferida, quien a medida que crecía le recordaba cada vez más a Elba, despertando en él confusos sentimientos. Sólo la artista mejicana aquella, de singular belleza, tuvo en una ocasión la oportunidad de llevarse a Roberto para su país, con la promesa de un amor eterno y mejores condiciones de trabajo para él. Pero el amor de este hombre por sus hijos, fue más fuerte que sus instintos y decidió que no cambiaría estos por un capricho donde había más sexo que amor.

 

Sus ausencias eran a veces prolongadas, tiempo durante el cual Isabel quedaba en las manos y mandatos estrictos de Gilda, a quien la niña consideraba su madre biológica. La vida transcurrió en esa casa solariega de pueblo andino, construida de bahareque y colindando con la panadería del abuelo, junto con otros miembros de la familia, que como se acostumbra en algunas familias, se quedan en la casa paterna para beneficiarse de la misma y para mantener esa relación de dependencia que persiste en tantas familias latinoamericanas. Gilda, como buena andina, sostenía que a pesar de los estudios, las hijas  debían conocer todos y cada uno de los vericuetos del cuidado del hogar.

 

Las mañanas de la preadolescente Isabel comenzaban muy temprano, antes que la neblina se levantara por acción de los rayos solares que producían días tan distintos unos de otros que justificaban la idea de que cada día era un día para estrenar. Pero las exigencias eran fuertes: arreglos de los cuartos, lavar, planchar, cocinar, limpiar, fregar, lampacear… y cuando la protesta aparecía en los bien formados labios de esa incipiente sensualidad en la que se estaba convirtiendo la niña, las bien formadas nalgas podían recibir un castigo con la palma o con la tabla, que se mantenía a mano para tales menesteres y que con frecuencia recibía mas la hija mayor que sus hermanos – "Porque tú eres la mayor y debes dar el ejemplo" – sentenciaba Gilda ; un total de seis hermanos más habían derivado de Gilda y Roberto.

 

Roberto conservaba sus dotes de buen padre de familias y procuraba mantener juntos a todos los hermanos, sin que nadie pudiera asegurar que mientras tanto no recibía las caricias y atenciones de la previamente abandonada Mary. Por eso en vacaciones escolares, no era de extrañar que Isabel se reuniera con Mercedes y Robertico las ramificaciones de Mary con su padre, bien en Maracaibo o bien en Pampan.

 

Como es común entre niños, las discusiones baladíes y los intentos de supremacía siempre estaban presentes, así como las discusiones de alto tono y cuyo contenido se esconde generalmente de los mayores. La mayoría de las veces estas cosas no pasaban de una breve discusión y disgusto que no duraba, gracias a la intervención de Roberto, quien procuraba mantener la armonía entre todos sus hijos con su buen humor y carácter jocoso, derivado de las relaciones públicas que desarrollaba en su trabajo.

 

Pero en cierta ocasión ya cercana a su duodécimo cumpleaños, en una de esas discusiones Mercedes llamo a Isabel "la malparida". Pero no contenta con la simple expresión le dijo que podía demostrárselo. Fue cuando la joven,  - quien empezaba a llamar la atención de adolescentes y hombres cada vez que se presentaba intempestivamente al restaurante de su padre, a exigir con la mayor desfachatez y malacrianza, platones de comida y postres vistiendo minifalda y botas altas, las cuales destacaban sus redondeadas formas, combinación de negra, india y andaluza,  que distraían la mirada de su cara bastante común, excepción hecha por la sensualidad de su boca – se enteró de las razones por las cuales su cuerpo era tan distinto al de Gilda y sus otras hermanas. Mercedes hurgó entre algunos documentos celosamente guardados en determinada gaveta y extrajo la partida de nacimiento de Isabel donde se demostraba que el nombre de su madre era Elba y no Gilda.

 

Es de suponer no solo la decepción recibida acompañada por la bofetada virtual recibida por la acción de su hermana, - quien quizá sin intención de dañar directamente, pero probablemente aleccionada por el rencor de las palabras de Mary, pudo enterarse de esta historia, la cual debió, bien sea haber sido informada a su debido tiempo a la interesada o haberse sepultado para siempre – sino que en la mente de Isabel se agolparon tantos disgustos ocasionados por los castigos de una mujer que no era realmente su madre y que a la interpretación de la entonces adolescente mujer, ahora una rabiosa adolescente que no tenía forma de vengarse de lo que ella consideraba malos tratos y no intentos de educación según el leal saber y entender de una mujer andina, quizá educada en la misma forma que intentaba transmitir. Su amor por su padre, quizá adormeció el rencor que también sintió contra él, por haber participado en el engaño y por haberle buscado una madre que la abandonara al momento de nacer y quizá hasta por no haber intentado recuperarla, o por haberla seducido este "asalta cunas" siendo ella tan joven.

 

Nadie podría concebir los sentimientos encontrados de minusvalía, rencor y venganza que por años, atormentaron desde entonces su mente. Sin duda, su hermana, era también culpable de haberle hecho conocer semejante situación.  Bueno, ella buscaría la forma de vengarse. Pero - ¿que podría hacer, cuando todo el poder estaba al lado de su ahora reconocida madrastra y su padre que todavía estaba enamorado de ella y agradecido por las atenciones que la había dado a su hija, probablemente su hija mas querida?

 

- Ay! Ya Dios me dará la forma de hacerlo, - se dijo.

 

- Siempre invoco a Dios y el me dará la forma.

 
   
 
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