apocalipsis conyugal
  Capítulo IV - El sistema de recompensa cerebral
 

La Facultad de Derecho, carrera que siguió mas que todo para complacer los deseos de su padre, le permitió ganar mayor confianza en el trato social, aunado a la oportunidad de codearse con galenos y público de distintas edades en la clínica donde trabajaba por las tardes y noches.

 

Su virginidad fue exhibida con todo propósito a fin de aplacar las sospechas de la bella esposa del oftalmólogo, quien se enceló ante la portentosa humanidad de la quinceañera de quien sospechaba tendría interés o compartía con su esposo. Planificó hacerse examinar por la ginecóloga que veía a la esposa de su jefe, permitiendo que la misma se quedara en la sala de examen, para que confirmara si el flujo, que no tenía, pudiera ser contagioso, pero con la única intención de que esta oyese el comentario de la médica cuando dijese:

 

 "! Hay Isabel, pero si tu eres viiiirgen!!".

 

Para terminar de borrar estas sospechas se buscó un novio, un pobre estudiante de aproximadamente su edad, quien virtualmente enloqueció por ella y le propuso matrimonio, ante la mirada aprobadora de Mary, quien no veía el momento de salir de este compromiso en el cual Roberto la había metido, puesto que al comprarle una casa para sus hijos, una condición fue que Isabel viviera con ella. Su virginidad fue cosa del pasado desde entonces, pero la joven no veía en Juan C., un correcto futuro para ella, sin contar que su inexperiencia sexual no la llenaba.

 

Fue entonces cuando apareció Francisco, con su juventud casi atrás en sus tardíos treinta, alto, atlético, moreno, bien conservado por su afición al deporte, médico recién postgraduado y con una profesión estable, profesor universitario, separado de su esposa y viviendo por su responsabilidad paterna, casi obligado, con una joven con quien tenía un nuevo hijo.

 

Francisco, hombre muy seguro de si mismo, había logrado hasta entonces culminar todos los proyectos y planes de vida y profesionales, en los cuales se hubiera empeñado; veterano de algunas conquistas fogosas desde sus veintes que aliviaban el aburrimiento sexual al cual fue sometido por su primera esposa.

 

Sin conciencia real de la importancia de sus ganancias tanto en el terreno laboral como familiar y sin darse cuenta de que su desorden en la vida privada estaba afectando su vida profesional, cuando la vio pasar una tarde habiendo terminado su consulta, mientras conversaba con un colega expresó, sin medir las consecuencias:

 

– "Esta es la mujer que he estado buscando toda mi vida".-

 

Recordando su emoción cuando en su niñez viera cuerpos similares o en su adolescencia, pintara cuerpos parecidos a éste. 

 

Y no era para menos...

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Era una mujer estrogénica, con su pequeña mandíbula en una cara atractiva de labios sensuales y una razón cintura escapular-cintura pélvica como de 0.7, características que reflejan fertilidad y salud general, lo cual provee suficiente información fenotípica para un encuentro sexual satisfactorio, fueron suficientes para captar la atención del macho reproductivo y ansioso presente en el rincón primitivo del cerebro de este hombre. Isabel, 1.70 de estatura, llenando con su anatomía unos jeans azules que destacaban su trasero y sus muslos y piernas; esas piernas que al salir de la ingle forman una convexidad que llena el muslo antes de terminar en las bien formadas rodillas, para luego pasar a unas pantorrillas como dibujadas; con una blusa entallada que se quejaba de contener aquellos senos 36C, con el abundante cabello negro ensortijado suelto, excesivamente maquillada y sobre unos tacones de 7 centímetros, que la obligaban todavía mas a una lordosis enloquecedora, calzaba unos sensuales zapatos blancos cuyo talón exhibía un coqueto lacito de igual tono; lucía mas de 25 que de 18 años.

 

– "¿Quien es, quien es?…, - le preguntó ansioso Francisco a su colega, esperando que fuese alguien que trabajara en la clínica.

 

Al recibir la respuesta de que se trataba de la secretaria del oftalmólogo vecino, suspiró aliviado y se preparó mentalmente para la estrategia de la conquista, sin pensar que ya había caído, de nuevo, como el Ulises de Homero, en el canto de la sirena.

Marita, la madre de ese nuevo hijo, motivo por el cual Francisco justificaba el haberse alejado de su esposa, ([1]) perdió foco ante la presencia de Isabel.

 

No que aquella relación estuviese bien, máxime cuando se había consolidado a juro, como consecuencia de ese embarazo no planificado, pero que en la mente de Francisco era su responsabilidad, razón por la cual había alquilado un apartamento y colocado en él a Marita, al mismo tiempo que trataba de iniciar una nueva vida conyugal con ésta.

 

Pero la inmadurez de ella, su reticencia a crecer profesionalmente, sus constantes celos salpicados de variables períodos de ausencia, cuando se refugiaba en la casa materna y su aparentemente único interés en la mejoría económica que para ella representaba la unión con el médico y profesor, habían terminado por alejar el interés de éste y su esperanza en una nueva unión conyugal adecuada y armónica, como la que siempre había anhelado, junto a una mujer cargada de sensualidad. Aunque él sabía, en su fuero interno, que  poseía una fuerte tendencia a la poligamia, - demostración quizá de su temor al abandono o de la impronta evolutiva, -  por lo cual el deseo que sentía por Marita, persona apasionada con grandes  altibajos emocionales, quien mostraba características únicas al momento de amar, no debía perderse por el simple hecho de tener otra mujer. De Marita, obviamente todavía estaba prendado, pero ella no le perdonaba sus infidelidades y por tanto le hacia la conquista externa muy amarga y le pagaba con desatenciones.

 

Varias razones existen para que un hombre sea infiel. Algunas no claramente establecidas todavía y probablemente relacionadas a la presencia en él de genes primitivos del comportamiento. Probablemente relativa a la presencia de "genes infieles" en el macho humano; relativos a la necesidad primitiva de poblar su territorio, la disponibilidad de varias hembras y el rechazo de la hembra a las relaciones sexuales en días no fértiles, lo cual tiene una ventana de apenas 2 o 3 días durante el mes.

 

Pero las razones actuales que algunos concientizan son: curiosidad, deseo de variabilidad, cumplir un reto planteado o búsqueda de lo que no se encuentra en casa.  Las dos primeras, si pasaren desapercibidas por la pareja, son inocuas para la relación. Se asemejan a la variabilidad de cenar en un restaurante o en la casa. La tercera podría ser inocua también, siempre que el varón no descubra un tesoro al cumplir el reto o caiga en la adicción.

 

La peor es la cuarta. Puesto que al encontrar en esa mujer, usualmente parecida a la propia, ese algo que no se encuentra en casa, así sea la posibilidad de compartir una conversación o un cigarrillo, podría llevar a la separación, si como habitualmente sucede, la esposa al sentirse traicionada, precipita la misma, por encima de la lucha por conservar el matrimonio. Como se ha dicho es la mujer, iracunda y  soberbia al sentirse relegada a un plano percibido inferior por la ofendida, quien plantea 7 de cada 10 veces el divorcio. El cual el varón, la mayoría de las veces, no desea ni le conviene.

 

La esposa  que luche por conservar el matrimonio, generalmente lo logrará. A menos que el amor del varón realmente haya terminado.

 

Marita era la primogénita en su familia y probablemente su lucha de niña para ganarse el cariño paterno, la indujera a esa celopatía como adulta.

 

Pero por la actitud  agresiva a la cual cada vez recurría con más frecuencia, el galeno la interpretaba como ausencia de amor y lo cual sublimaba con actividades independientes.

 

Confundido, él atribuía este distanciamiento con una orden  intrínseca de su ser, lo cual pensaba, lo llevaría a la soledad. Pero su deseo de actuar en su vida sexual con la mayor libertad, le impedía vislumbrar la gravedad de este pronóstico. Se consideraba a si mismo como un patriarca nacido en una época equivocada; como un  pashá sin palacio y sin harem; como un rey sin tierras., demostrando así su escape de la realidad..., su ensueño.

 

Anhelaba una relación estable y seria, pero ardiente, que lo convirtiera en un ser monógamo, pero entretanto actuaba cercano a la promiscuidad. Lo alejaba del peligro de adquirir una enfermedad, el tipo de personas que frecuentaba; generalmente mujeres jóvenes, de su casa, profesionales o amas de casa, poco dadas a la vida licenciosa.

 

Anhelaba una vida familiar armónica, pero no daba ninguna señal activa de que lo iba a hacer. Se solazaba en ponderar a sus hijos, dando así a conocer su inclinación a ser un padre responsable. Eventualmente disfrutaría de las travesuras de Daniel, de sus deseos de escribir cuentos de piratas, lo cual intentaba con denuedo el niño, quien había inventado las caricatures de esque y leto, dos personajes que representaban un par de buenos amigos, dos esqueletos, pero constantemente en conflicto,  representativos probablemente de la dramática vida que los pleitos de su madre contra el médico habían marcado en su pequeña mente. Desobediente y explorador, el niño hacía que Francisco, si bien regañón a veces, sintiera unas cosquillas de orgullo, diagnosticando en él independencia e inteligencia, lo cual lo llevaría al éxito en su vida de adulto.

 

Añoraba sin embargo esa mujer sumisa y ardiente, muy opuesta a Marita, que no le reclamara sus escapadas y que a su llegada lo colmara de cariño y atenciones.

 

Buscaba, sin darse cuenta a una mujer – madre. Al no encontrarla en Marita, la cual probablemente, estaba buscando un apoyo paternal,  que el hombre-niño, no podría ofrecerle, y de allí quizá las constantes desavenencias. Pero Francisco disfrutaba de la compañía de sus hijos, si bien escasa, dadas sus ocupaciones y su constante búsqueda de aventuras.

 

Y le enorgullecía particularmente,  su hija mayor, quien ya era una profesional independiente y su hijo homónimo, un ser tímido y dulce, justo como su madre, quien demostraba unas dotes artísticas de las cuales él no podía menos que sentirse orgulloso

 

Isabel pudo, de nuevo inducir a otra separación conyugal.

 

Su falta de escrúpulos se concatenó con la incontinencia del galeno.

 

La conquista no resultó tan problemática. Algunos días después de conocerla, Francisco se le acercó a su escritorio y luego de saludarla y presentarse él mismo y conversar algunas tonterías al respecto de su trabajo, le preguntó:

 

- "¿Que piensas hacer este Viernes después del trabajo?" –

Ella asomó una protesta, haciéndose la seriota:

 

- "Un momento doctor, yo no acostumbro a salir con el primero que me venga a invitar" –

 

-- "A menos que me convenga..." - pensó.

 

 – "Yo no te estoy invitando a parte alguna – sonrió él – solo tuve curiosidad por conocer tus planes". –

 

Ella sonrió a su vez, mostrando sus grandes dientes que armonizaban con sus esplendorosos labios pintados de un rojo furioso.

 

- "Invitan a bañarse en ellos, ya no solo besarlos" – pensó Francisco, saboreando anticipadamente su deseo.

 

-"Pero si te voy a invitar la próxima semana. Y la siguiente. Y la siguiente. Tu me dirás cuantas veces tengo que invitarte para que finalmente accedas a salir conmigo a cenar; porque te advierto que no me voy a dar por vencido", - le dijo con gran seguridad y sin poder evitar que la mirada se posara en su abultada blusa.

 

Volvió ella a sonreír,

 

- "Bueno ya veremos" -.

 

Inadvertidamente el médico empleó aquí una técnica que la biología aplica en el cortejo, desde muy temprana la escala zoológica. El canto de alas de la mosquita de frutas está determinado por sus genes; la Drosófila melanogaster, cuando carece del gen fru, es incapaz de aparearse, si bien puede volar, no puede realizar el batir de alas cortesano. Aquí el batir de alas es la voz seductora y la entrada inteligente, captiva de la atención de la dama. Su entrada fue la astuta manera de hacerle creer a ella que era mucho su interés, para después disminuirlo...,  haciéndose así más interesante para ella.

 

La entrada, bien sea verbal o actuada con lenguaje corporal, es una de las técnicas de conquista del varón..., diseminada mundialmente. Capta la atención de la dama y la hace interesarse por quien la esgrime. Encender un cigarrillo..., la mirada de soslayo..., el recostarse a un farol..., la serenata..., la vestimenta elegante o excesivamente descuidada..., el arrojo..., la conciliación..., un poema..., una canción.

 

Isabel pensó en su prometido y mentalmente lo comparó con este médico que le llevaba algunos años de diferencia, - ¿Diez, doce? Se preguntó. Eran más.  

 

Rápidamente calculó los beneficios de este cambio y se dijo

 

– "Bueno, esperaré a ver que ocurre después de la primera cita" -."Galán mata novio", dice el refrán.

 

Y es que es una verdad científica que la selección sexual proviene de las ventajas que un individuo tenga sobre el otro del mismo sexo en términos de competitividad para el apareamiento y la reproducción, no importa que hablemos de peces o de humanos. En el caso del ser humano la competitividad es una decisión de la hembra, puesto que raras veces los machos interesados en la misma mujer, llegan a verse.

 

Pocos días después en el Girasol, ese restaurante rotativo desde donde el paisaje de la ciudad cambia constantemente, los vería llegar juntos un atento maitre, quien sin saber que esa era la primera cita, sugirió una cena ligera ese viernes, pensando quizá en que sería eso lo mejor para una pareja que lucía con intenciones de continuar posteriormente en actividades muy demandantes para el corazón.

 

Pero es que la pareja que formaban estos dos, con su color de piel morena clara casi idéntico, su estatura compaginada y la voraz mirada del varón sobre la hembra, quien respondía con similares atenciones, no dejaba otra cosa que pensar.

 

Después de la cena, la discoteca brindó la oportunidad para una cercanía mayor. Ahora Francisco ya no pudo contenerse más y pensando que la joven debía tener mas experiencia de la que permitía asomar, la apretó contra sí tanto en el bolero como en el merengue, tomando su mano con firmeza mientras la mano que guiaba la dejaba descender como al acaso sobre las prominentes nalgas y ante la ausencia de protesta, se decidió por una caricia mas fuerte y hasta un apretón que le permitió confirmar la firmeza de sus carnes.

 

En la medida que el tiempo pasaba, las caricias y el baile se hicieron más fogosos y los besos fueron la consecuencia.

 

! Qué boca! – pensó el hombre saboreándola.

 

El beso es la explosión del deseo. "El beso es canción de alegría y nota de dolor… Solo hay un beso sombrío, el beso hipócrita. Solo un beso causa frío. El de las personas sin alma o el que se da a quien no tiene alma. Son glaciales… El beso sin amor de Cleopatra al triunviro romano fue mas venenoso que la ponzoña del áspid". ([2])

 

Y el beso viperino. El beso de la bestia. Delatados como tales sólo años después.

 
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Besos experimentados, nada tímidos de ambas partes. Nada glaciales los sintiera  Francisco..., por el contrario. Sin poder predecir entonces, que alguna vez los percibiría gélidos, hipócritas, chantajistas o sobornantes,  bestiales. Mientras él los deseaba cálidos, atentos, húmedos, frecuentes, cariñosos, de amor.

 

Pantalón abultado en la entrepierna. Los intermedios ahora no permitían que los cuerpos se separaran, so pena de delatar la excitación.

 

¿Pudo haber pasado esa misma noche? Es posible.

 

Pero Francisco no acostumbraba a invitar a sus conquistas en la misma noche y ella fingiendo timidez o por estrategia, tampoco lo sugirió.

 

Marita disfrutaría esa noche y la siguiente mañana, tanto lo que a ella le correspondía, como lo que se perdió Isabel. Francisco no sentiría el menor remordimiento o sensación de haber pecado.

 

Sus labios, experimentados en el beso, le impresionaron junto con el resto de lo que pudo apreciar en ese primer encuentro. La joven lo captó. Mostraba su experiencia.

 

- "Quizá solo ha estado con su novio", - pensó ingenuo Francisco.

 

Algún caricaturista hubiese podido pintarlo entonces con un hilo de baba corriendo desde el ángulo de su boca.

 

- " Eso es el amor...," decía Leo Dan, mientras ellos bailaban, reforzando los sentimientos del galeno.

 

Sin detenerse a razonar, o sin saber entonces que Isabel se había independizado desde hacía 3 años; tres a seis años antes de lo que lo hacen la mayoría de las mujeres en nuestro ambiente social. Tres años que son suficientes para ganar una licenciatura en vida independiente. Incomparablemente distinto, a pesar de la diferencia de edades, a la del médico, quien sólo ahora, después de casi 15 años de estudios y matrimonio, comenzaba a saborear la vida independiente del soltero.

 

Sin detenerse a pensar como podría ella hacer para que solo con el sueldo de secretaria y los dineros que recibía por el alquiler de dos cupos a sus amigas estudiantes, pudiera mantener ese apartamento en una zona residencial clase media alta de la ciudad. Sin analizar que muchas estudiantes universitarias complementan sus ingresos practicando la profesión mas antigua del mundo.

 

Poco tiempo fue necesario para culminar el encuentro que ambos esperaban.

 

El primer encuentro,  el escenario del randezvous,  fue en un hotel de esos que se han hecho indispensables en todas las grandes  ciudades. Lleno de espejos y con servicio críptico, donde los mesoneros no ven a quien atienden ni viceversa, pero donde la placa del automóvil queda registrada junto con los números de cédula, en prevención de las de todos modos inevitables tragedias que han ocurrido dentro de ellos.

 

Los embates del varón no encontraron resistencia ni mostraron daño alguno. Francisco recordó sus experiencias previas y pudo concluir que esta joven no era inexperta. Pero eso no importaba.

 

Solo importaba poder abrazarla, tocarla, olerla, besarla, lamerla y todos los verbos de acercamiento que pudiera conjugar. Cuando terminó, todavía quería más de ella.

 

Dopamina, norepinefrina, vasopresina, glutamato, gamma amino butirato y cuanta sustancia excitógena pudieran producir sus neuronas, lo colmaban. ¿Para qué "la mota"? ¿Para qué "el perico"? Ella endrogaba por si misma. Ella era una droga y Francisco lo reconocería así mas tarde en su vida. Ella estimulaba todas sus vías aferentes hacia el placer y cuando ella lo supo, se aprovechó de la adicción que Francisco desarrolló por ella.

 

Es que el cerebro humano tiende a la adicción. La gente se vuelve adicta a casi todo lo que pueda provocarle placer, desde el trabajo hasta el sexo, pasando por las drogas y el alcohol, poniendo a funcionar  


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Sistema de recompensa cerebral y centros de las emociones.

 

el sistema de recompensa cerebral en el cerebro primitivo, esa parte del cerebro humano que funciona automáticamente y guarda las pulsiones. Allí se encuentran vías dopaminérgicas y de endorfinas que potencian u originan las sensaciones de placer.

 

Incluye el área de funciones vitales, las zonas mediadoras de las emociones y estados de ánimo, la generación de instintos de supervivencia y regulación corporal. Esta parte del cerebro esta involucrada directamente en el desarrollo de la adicción, y allí se encuentran los desbalances bioquímicos responsables de la compulsión, la memoria eufórica y los deseos automáticos.

 

Isabel sin conocimientos en absoluto sobre neuroquímica, calculó que ya había ganado el cariño de este doctor a quien podría explotar para su propio beneficio y tomó la decisión calculada, fría, insensible, desapasionada, de dejar a Juan, su novio.

Las personas centradas en si mismas no son capaces de compadecerse de los sentimientos de los otros. Primero el desconcierto y luego el sufrimiento del joven, con quien ya había intercambiado promesas de matrimonio, fue intenso; solo pudo compensarlo cuando al cabo de cierto tiempo se enamorara de una mujer muy parecida a Isabel.

 

Esta, ignorando que la atracción sexual por determinado fenotipo es un programa inscrito en el disco duro mental de cada varón, contaba con  orgullo revelador de las facetas de su personalidad, cómo lo habría dejado: 

 

- "Juan tuvo que buscarse una mujer igualita a mí".-

 

Isabel, insensible al amor, calculadora y fría, solo pensaba en lo que podría obtener como la amante o la esposa de un médico.

 

Juan, nunca sabría lo que ganó..., al perderla. Nunca sabrá la profundidad del precipicio donde lo hubiese empujado. La experiencia sería para Francisco.



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Añagaza:

Señuelo o reclamo para coger aves. Artificio para atraer con engaño.


[1] Exodo 24:15 Entonces Moisés subió al monte y una nube cubrió el monte.

[2] Juan Liscano. Ensayo sobre El Beso. 1904.

 

 

 

 
   
 
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