apocalipsis conyugal
  Capítulo XI - Despertar de un sueño. El acoso moral es la forma mas sutil de agresión.
 

Despertar de un sueño

"Soñé que mi vida era alegría y despierto en la tristeza

Soñé que invertía todos mis acervos en una esperanza y despierto en el escalio.

Soñé que encontraba a la mujer soñada, y despierto en una pesadilla.

Soñé que era joven y despierto anciano…

Soñé que mis años dorados serían refulgentes, y despierto con mayores cargas…,

Casi ya sin fuerzas.

Soñé que mi amada era un aliado y despierto con una enemiga.

Soñé que salía de la miseria y despierto miserable…

Soñé que subía al cielo y despierto en el purgatorio, casi el infierno…

Soñé con una bendición y despierto no me atrevo a decir lo que veo…

Soñé que reorganizaba mi vida para el bien de todos y despierto en la anarquía…

Soñé que tendría con quien soñar a mi lado… y despierto solo.

Soñé que construía un reino a mi reina y despierto en la guillotina

Por ella construida…

Soñé con la libertad… y despierto en la mazmorra.

Soñé con La Medicina, La Pintura, La Música, La Escultura, La Poesía, Las Letras y las Artes…

Y despierto en Tribunales, Demandas, Injurias, Menosprecios y Desprecios, Insultos, Malos Deseos y Difamaciones.

Soñé con el triunfo para lo cual me preparé adecuadamente…

Y despierto en el fracaso.

Soñé que era un hombre y despierto emasculado…

Soñé con la risa y despierto con lágrimas.

Soñé con una llanura amplia en frente de mí para recorrerla junto a ella…

y despierto al borde del precipicio.

Soñé que era un hombre bueno… y mis pensamientos cada vez me asustan.

Soñé en fin con el acierto… y despierto, otra vez…en la equivocación.

La separación, de nuevo, de esta copia al carbón de Marita aunque la superaba con creces, por ser más ladina, calculadora y nefasta, era pues cuestión de corto tiempo. El acoso psicológico y moral estaba haciendo mella en la conducta del ingenuo y manipulado profesional. La maestría de Isabel en su propósito estaba dando los frutos esperados. La depresión se ha instalado en su mente, como demuestra en su poema "Soné".

 

El hombre se consolaba pensando que gracias a esta malvada, pérfida mujer, a la cual todavía no se atrevía a odiar sin restricciones,  él había madurado.

 

 

Se daba cuenta de lo estéril de la lucha, pero no terminaba de darse por convencido. 

 

 

Le resultaba obvio el comportamiento agresivo, retador, irrespetuoso, despreciativo,  destructor, insultante, intolerante, utilitarista, manipulador y vejatorio, demostrativo de una sevicia jamás pensada para sí, inmerecida al venir de esa mujer a la cual él había protegido y ensalzado, dándole todo.

 

 

Sevicia quizá merecida, - pensaba, -  si fuera el castigo por haber faltado tantas veces al sexto mandamiento.

 

 

Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación.

(Apocalipsis 2:21)

           

 

- "Dios mío! te pedí una luz y me mandaste a éste infierno. ¿Por qué?"

 

 

Paciencia. Bienaventurado es el hombre que Dios castiga. Él hace la llaga, pero también la vendará. Él hiere, pero sus manos te curarán. Te enviará no una, sino seis tribulaciones más, pero la séptima no te tocará. Tendrás hambre, más no morirás. Entrarás en guerra pero saldrás indemne. La calumnia no te tocará. Y más nunca lo material será importante para ti. Como consecuencia no temerás la destrucción cuando la veas venir. Tu casa futura tendrá paz y nada te faltará. Te consolarás viendo tus hijos crecer sanos, fuertes, bellos, productivos y te regocijarás todavía más, cuando veas tus nietos. Conocerás la sepultura a edad avanzada, luego de una vida productiva la cual será ejemplo para todos tus hijos. (1)

 

 

Se consolaba revisando las escrituras y pensando en el benjamín. Nunca había estado el doctor mas cerca de un hijo que de este, cuyo primer nombre era el mismo de aquel marino  resistente al canto de sirenas, nombre que le había colocado, en una especie de ruego, de exorcismo, para que no fuese a llevar una vida similar a la propia.

 

Faltó todavía tiempo para que Francisco, comprendiera a ciencia cierta la psicópata con la cual se había casado. Pero, en una ocasión ya aleccionado, después de la meditación producto de la lejanía, lo cual le permitió desintoxicarse de la maligna adicción a la cual ella lo había sometido, le escribió un mensaje de texto, en respuesta a su negativa de dejarle ver al hijo, donde le imprecaba:

 

-- "Usted  bruja endemoniada, engendro del infierno, no respeta ni hombre, ni ley, ni Dios".

 

Siempre evitaba, en lo posible, escuchar su voz..., escandalosa, amenazante, soberbia, iracunda, orillera,  vejatoria, burlona..., acomplejada.

 

Esa voz que alguna vez anterior, de solo escucharla hacía que su ropa interior se humedeciera. Representaba él entonces el perro de Pablov, condicionado como estaba a reconocer esa voz como preámbulo del placer sexual.

 

Lo cual ella misma, destruyó, cumpliendo la venganza que se había planteado años antes.

 

Ella llegó al  estado más grave del trastorno antisocial puesto que ya no era capaz  de sentir culpa o preocupación por Francisco.  Eventualmente dejaría de sentir preocupación por sus hijos. Típico de la personalidad sociopática. Estas personas no ven nada malo en sus nefastas acciones.

 

Como el día que luego de dejar que Francisco y su hijo planificaran pasar una temporada juntos y después de dejar que el niño se entusiasmara con esa perspectiva,  por un reclamo que Francisco le hiciera al negarse ella a entregarle un equipo de su propiedad y el pleito consecuente con él, quien señaló el latrocinio continuado que ella mantenía con los enseres del varón, la mujer sacó al niño a empellones del automóvil, saboteando la relación padre-hijo, sin importarle el llanto del niño, ni la congoja del padre, mientras lo retaba a la agresión física.

 

Es que una narcisista como ella, acomplejada por el abandono del cual fue informada precisamente en el momento cuando la personalidad comienza a definirse, - entrando a la adolescencia, - no puede permitir que su hijo la quiera a ella menos que a su padre. No puede permitir  que siquiera pueda expresara amor por alguien distinto de ella. Ella, en presencia de ese hijo debe retar el padre a la agresión, para luego tratar de extirparle esa preferencia, procurando disminuir a Francisco ante los ojos del niño. Manipulación al extremo, que no respeta la vulnerable mente del niño, de su hijo, del producto de su siembra financiera. Ella sabía que luego de 3 horas de viaje realizado por el padre, exclusivamente para complacer el hijo, que quiere estar con él, la negativa de dejarlo ir, haría explotar de ira al varón. Y no respeta, no considera la frustración del hijo. Quien además ya había notado la presencia de su hermano de su misma edad que lo esperaba. No permitió siquiera un abrazo fraternal ni de amor filial.  ¿Cuando será el niño capaz de perdonarla? ¿Cuánta duda sembrará en su pequeña mente sobre el valor del amor de su padre hacia él? ¿Cuánto daño ocasiona al niño, tratando de confiscarle el derecho que expresa y vocifera llorando, lo expresa en mensajes de texto telefónicos y en llamadas directas, de amar a su padre? Pero es que ella no puede permitir que nadie, nadie, nadie..., ni siquiera su hijo, pueda quererla menos a ella. Sin darse cuenta que es precisamente su actitud, la que lleva a los demás al desamor. El desamor que subconscientemente busca, desesperadamente anhela, el desamor de su madre. El cual cuando lo recibiera, le tocaba a ella despreciarlo.

 

Lo mismo hizo con su padre de ella. Cada vez que el pobre hombre encontraba un amor, Isabel se lo saboteaba y no estaba satisfecha hasta que lo abandonara. Luego que lo logró. Ella lo abandonó a él. A los 15 años se emancipó sin importarle las lágrimas de su padre. Así hará con el hijo, si lograra cercenarle el amor que le tiene a Francisco, una vez satisfecha, le quitará el amor fingido al hijo y en consecuencia, lo destruirá. Lo destruirá por ser el niño más vulnerable, como intentó fallidamente hacer con Francisco, quien al descubrirla, pasó sucesivamente del desconsuelo, a la depresión, al odio criminal, al desamor, a la indiferencia y a la lástima. A la lástima, porque ese trastorno psicopático de su personalidad, al no ser reconocido por ella, no tendrá cura jamás.

 

Porque ya no existe en ella un súper yo ni tampoco una capacidad de proyectarse en un futuro personal.

 

 – "No me importa que ese viejo se quede sin hogar o lugar donde vivir, sin hijos o sin perro, sin muebles o sin trabajo" – le confió a una amiga.

 

- "Me sabe a mierda! Que se joda. Para eso me casé con él. El me firmó todos los documentos que le solicité; yo no lo obligué a nada". –

 

Es notable la ausencia de bondad y la ceguera ante la acción ignominiosa por ella cometida, típico del sociópata marcado por la bestia en sus genes.

 

Esto combinado con sus rasgos histriónicos e infantiles por su incapacidad para establecer relaciones personales maduras, nutridas con sus tendencias sexuales polimorfas al introducir elementos lésbicos en la relación con Francisco, revelando facetas de su sexualidad previamente insospechadas por el esposo, la definían claramente como portadora de un narcisismo maligno.

 


Bursatella leachi pleiY rememoraban en la mente del científico el comportamiento de la Bursatella leachi plei, un molusco abundante en las orillas del mar, que puede a voluntad o según las circunstancias actuar como macho, como hembra o como hermafrodita y haciendo pensar al investigador, que estos genes  estarían haciendo eclosión en Isabel.

 

Ella cuando le convenía, actuaba como una mujer dependiente, que necesitaba de atención y cuidado, deferencia y abrigo. Pero de pronto era un macho que hacía lo que quería y podía manejarse sola, ir y venir, cambiando lo roles de macho y hembra, convirtiendo a Francisco en un amo de casa, cuida

niños y cuida perros, paga todo,  soporte general y hasta cocinero. Hasta que ella reventara de verlo tan sumiso, a lo cual él contribuía en su afán de no perderla. De pronto..., confundida..., ella necesitaba identificarse con el intersexo, para no degradar todavía más en su mente, a su esposo, que nunca había dado muestras de querer ser otra cosa que un hombre. Un hombre bueno en el sentido no peyorativo, macrogenital de la acepción. Igual que el padre de ella.



(1) Job 5: 17-27

 
   
 
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