apocalipsis conyugal
  Capítulo XV - El acosador desconoce su maldad.
 

Debe también aprenderse a entender a la persona que ha producido el daño. Es inevitable tener sentimientos de rencor hacia la persona dañina, maligna y depredadora; pero ni las personas así, tienen una conciencia clara de su maldad; actúan a través de la marca de la bestia; actúa a través de los genes ancestrales de algún depredador incrustados y reactivados en su ADN. Y actúan sobre aquellas personas que estando también marcadas por su bondad, ingenuidad y credulidad, se dejan utilizar hasta el extremo de comprender el nivel al cual han sido arrastradas. Algunas ni siquiera se enteran o se suicidan para salir del yugo.

 

En psicología, este desconocimiento protector se denomina disonancia cognitiva cuando se aplica a la pareja; sordera cognitiva, mejor disnogsia si se aplica al individuo.

 

Nadie vive tranquilo, nadie se acepta,  conociéndose anormal o malo, sucio, hipócrita, autoritario, demandante, vejatorio, aprovechador, ladrón, insultante. Y nadie acepta tranquilamente y sin pelear, sin argumentar, sin culpar al otro, un diagnóstico de esta categoría.

 

Isabel nunca aceptó este diagnóstico del doctor y por eso le rompió el automóvil y le secuestró sus instrumentos de trabajo y esparcimiento; y le quitó la compañía del hijo querido con argumentos narcisistas y maquiavélicos diciendo que lo protegía, sin saber que lo estaba destruyendo al secuestrarle el cariño del padre, del cual el niño había disfrutado todos los días durante los pasados cinco años. Del cual súbitamente carecía. Razón por la cual se deprimía, especialmente al reconocer en su madre la culpable de esa carencia. Especialmente al notar que cualquier intento de acercamiento de parte de él hacia su padre o de su padre hacia él, era saboteado por su madre. Inevitable en ella..., quien debía preservar para sí misma ese amor, sin compartirlo, puesto que al hacerlo reviviría esa insoportable sensación de abandono que la persigue siempre, desde el conocimiento del insulto aquel: "tu eres una malparida". Mientras Isabel  no entienda que toda su vida gira alrededor de ese rechazo primigenio, no podrá avanzar ni se curará de su psicopatía. Y seguirá destruyendo todo lo que tenga cerca, incluyendo esa belleza de hijo, César Augusto. El otro ya está sumamente contaminado por ella, pero quizá pueda ser recuperable todavía, si llegare a entender la gravedad de esa influencia sobre él.

 

Francisco si aceptó su propio diagnóstico para si mismo: el de tonto-útil, escalón pisoteable y cegato sentimental. Posteriormente de portador de facetas borderline-dependientes en su personalidad.

 

La forma de salir de ese hoyo profundo, variará también en base a la epigénesis, en base a los otros elementos de fortaleza o debilidad que esa persona manipulada posea.

 

Las noticias de la página roja del diario nos informan de aquellos o aquellas que actuaron como Medea, quien mató a sus hijos en venganza por el amor perdido de Jasón el Argonauta. La mitología acusa a la mujer sumisa representada por Medea  como la persona capaz de transferir la venganza  por el amor perdido, en la matanza de los hijos; pero lo cierto es que tanto hembras como varones pueden actuar  de esta forma.

 

A esto contribuye paradójicamente, la Ley de Protección del Niño y del Adolescente, al dejar al hombre sin medios de subsistencia, gracias a decisiones judiciales equivocadas. Bajo la excusa del interés superior del niño, esta ley deja desamparado al padre, quien ante la intransigencia de la mujer demandante, acosado por la miseria, el desprecio y el desamor, toma la decisión de eliminarla a ella, los hijos y a él mismo, por considerarse tan tonto que no merece perdón.

 

"La Juez de Protección, sentada frente al acusado y mirándolo a los ojos, lo oye hablar por un rato muy corto, dado el apuro siempre presente en esos Tribunales. Aunque sienta como propias las razones argüidas por ese individuo y temporalmente se coloque en su posición. Se solidarice en su interior con todos los factores, los argumentos, la trayectoria y las promesas esgrimidas por el otro,  pensando en el que dirán de ella al ponerse a favor del varón a quien la razón asiste,  vuelve ya al momento siguiente a su propia identidad, a ser juez..., Juez de Protección de Niños y Adolescentes y de mujeres pérfidas demandantes; se cobija entonces de nuevo en la funda de su yo estructurado por el ambiente,  cumple con lo que considera su deber y condena a muerte al varón. Muerte real o figurada. (1)

 

Cuanta sangre en la conciencia de los jueces! .Y luego con la sonrisa de satisfacción de quien ha cumplido con su deber, duermen tranquilos.

 

Afortunadamente no es la generalidad.

 

Ellos parecen no tomar en cuenta estas noticias para sus máximas de experiencia, ni incluyen la evaluación psiquiátrica de la demandante en sus autos para mejor proveer, porque el dolo se establece a través de las falsas promesas de un amor eterno; y probablemente ni se enteren que sus fallos pueden llevar a estos desenlaces 

 

"La infalible flecha de Cupido hirió el corazón de la virgen Medea. Y Jasón el extranjero que pedía lo imposible, tomó en cuenta su objetivo: él había venido a buscar el Vellocino de Oro.

Pero si la joven entregó su corazón al forastero, el rey Aetes, su padre cerró en cambio sus labios, negando el tesoro: estaba furioso por la osadía del pedido. Y de no haber sido por la intervención de Medea, habría mandado matar a todos los griegos. Pero al oír la dulce voz de su hija, y viendo arder en sus ojos un brillo extraño, prometió ceder el Vellocino. 

 

 El jefe de los Argonautas debía primero (así habló el rey) pasar dos pruebas de valentía: la primera consistía n subyugar dos enormes toros que soltaban fuego por las narices. La segunda, arar el campo y sembrar dientes de dragón: De la extraña siembra nacerían gigantes armados que el héroe debería enfrentar. Medea conoce las intenciones de su padre y se aterra de perder aquel amor recién nacido. Con el miedo viene la desesperación; sin ella, Jasón no ha de sobrevivir. Pero si le ayuda traicionaría a su padre y a la patria. Al final vence el amor. Busca a Jasón y le ofrece ayuda. El promete llevarla a Grecia y hacerla su esposa. Las promesas de un eterno amor desvanecen las dudas de Medea. Las manos de Medea, conocedora de las artes de la hechicería,  protegen el cuerpo del amado con una poción mágica, que lo hacen invulnerable al fuego y al hierro.

Pero el rey a pesar de que él pasó las dos pruebas, no cede el Vellocino de Oro. Todavía quiere ver los navegantes muertos y a la nave Argo en llamas. Nuevamente el amor viene en ayuda de Jasón. Medea previene al héroe sobre los planes del rey y lo lleva hasta el bosque donde está el Vellocino. El dragón que lo vigila, arrullado por Medea, poco a poco se duerme. Y manos extrañas se apoderan del tesoro.

Perseguidos por Aetes, Medea y Jasón buscan refugio en Argo. Son felices. Cada cual ha conseguido su objetivo: él tiene el Vellocino de Oro; ella acaricia una promesa de amor eterno.

 

Todo se ha perdido, en la amargura del abandono: la familia, los dioses, la patria, los amigos fueron olvidados por el amor de Jasón. Y ahora nada. Ni siquiera el ser amada en la tierra en que se exilió.

 

En el corazón rebelde, el desengaño le grita las palabras que la llenan de furor. Sus manos que tanto acariciaron, quieren vengarse. El amor se trasformo en odio. Medea arde en deseos de desquite. Medea se trasforma en fiera por causa de la infidelidad. Jasón ha concertado un nuevo matrimonio con Creusa, hija del rey de Corinto, Creón.

Y Corinto, donde se sembró el amor, se convierte así, para ella en tierra estéril. El rey, temeroso de que manos vengativas alcancen a Creusa, ha llegado a conocimiento de sus palabras rebeldes y quiere expulsar a Medea.

Pero fingiéndose arrepentida, la hechicera envía un regalo a su rival: un vestido maravilloso. Creusa está aún más hermosa con la rica vestimenta. Pronto, sin embargo la sonrisa que su espejo refleja se convierte en mueca de dolor. La princesa se siente quemar por el fuego del veneno. Sus gritos resuenan angustiosos por todo el palacio; la ciudad entera oye y nadie osa tocarla. Sólo Creón procura socorrerla. Y muere con ella, padre e hija destruidos por las llamas.

Jasón se desespera. Va en busca de la causante de su desgracia. Se aproxima a la antigua morada y al llegar a ella, se detiene contraído de dolor; si Creusa se quemó en el veneno, sus hijos se ahogaron en su propia sangre. Las manos maternas hirieron los tiernos cuerpos. Jasón siente la agonía del horror, y en el desvarío de Medea no halla la locura, sino el sabor de la venganza total. Ella ha destruido su pasado y ha negado el futuro.

 Medea por Poussin

La sangre de sus hijos se mezcla con las lágrimas del padre. Sus manos están manchadas. Intenta tocar una vez más a los niños, queriendo darles de nuevo la vida. Pero es inútil, ya no los alcanza. Medea los hizo nacer, los mató, y ahora lleva consigo sus cuerpos, victimas inocentes del amor frustrado. 

Jasón quedo vacío de todo. Destruido, ve entre lágrimas las figuras distorsionadas de Medea y sus hijos, que se alejan. Poco a poco desaparecen en el espacio infinito, llevados por el carro del sol". [1]

 

Muestra la mitología y es verdad, que el varón puede dejar a la esposa, pero el amor filial persevera. Es ley de la vida. Porque como alguien dice, cuando un recién nacido aprieta por primera vez el dedo de su padre con su pequeño puño, lo atrapa para siempre. Es impronta evolutiva. Naturalmente los mutantes existen. Esos hombres X, por los cuales se guían las jueces para fallar en contra de la mayoría y  que a pesar de ser la minoría, hacen pagar a justos por pecadores.

 

La última página del diario local reseña la acción de un Medea moderno: "Militar mató a los dos hijos de su concubina y luego se suicidó". "Una pelea precedió a la tragedia, pues el militar tomó por el cabello a Raquel y la golpeó salvajemente. No había respiro para la mujer, que poco pudo resistir el despiadado ataque. Pero a Rivillo no le bastaron los golpes, tomó el cuchillo y le asestó múltiples puñaladas en su cara, como queriendo acabar con la belleza; esa que lo enamorara e hizo que abandonara a su esposa hace ocho meses. Después le disparó en su pierna derecha y le provocó fractura del fémur. El alto  oficial castrense hacía decidido separarse de su esposa y mudarse con Contreras a San Cristóbal, donde estaba destacado…Tras desfigurarla y dejarla malherida, Rivillo fue hasta donde dormían Ani, de 6 años y Héctor Francisco de 8 años y les disparó con su pistola 9 milímetros…y se disparó debajo del mentón para morir instantáneamente".[2]

 
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¿Qué elucubraciones mentales llevan a un ser humano a actuar como un animal herido, al perder el amor que lo ha removido hasta el punto de abandonar a su anterior familia?

 

¿Cómo justifica ese pensamiento el acabar con la incipiente vida de dos hermosos niños con un futuro promisor?

 

Solo puede ser la impronta evolutiva la culpable; solo puede ser la bestia representativa de Satanás en el cuerpo de un ser hecho, dícese, a imagen y semejanza de Dios. Y como la tragedia de Medea revela, es una situación nada nueva.

 

El gorila, cuando se enamora de una hembra más joven, mata a golpes de puños a la hembra más vieja, con quien había hecho un vínculo casi toda la vida.

 

La resolución edípica lleva a olvidar, a dejar, a abandonar la madre, - sin matarla..., aunque quizá alguna lo merezca-  con quien la relación no puede ser incestuosa y a sustituirla por aquel objeto de amor con quien se construirá una nueva familia.

 

Esos genes se encuentran en nosotros. Esa bestia se encuentra dentro de nosotros mismos.

 

¿Qué obliga a una hembra humana, - Raquel, Marita, Isabel..., especialmente ésta última – que luego de obtener las prebendas que buscaba, tales como sostén económico, casa y comida para sí y sus hijos, se desprenda sin miramientos del ser al cual sedujo y obligó de esa forma a romper con su familia y vínculos anteriores, para luego salir de él como si fuese un objeto desechable del cual pudo servirse y nada más, sin contemplar, sin respetar su condición humana, ni sus sentimientos?

 

Solo puede ser explicado por la falta misma de condición humana en esa mujer. Sólo puede explicarse por la presencia de la bestia en el cuerpo. 

 

Sólo puede explicarse por la impronta evolutiva. Acompañada de un programa maligno incrustado en su disco duro cerebral en algún momento entre el nacimiento y la definición de su personalidad.

 

El folclore, el teatro, el cine, las canciones, recogen ejemplos similares a lo largo de todo el mundo, lo cual demuestra que no son hechos extraños y que de alguna forma han sido recogidos y transmitidos.


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Imagen modificada de la película Bajos Instintos con Sharon Stone


(1) Modificado de Hermann Hesse. Lobo estepario, 1927.

[1] Página Web de Francisco Álvarez.

[2] Ultima página de Diario Panorama (www.panodi.com) del sábado 13 de mayo de 2006.

 

 
   
 
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