apocalipsis conyugal
  Capítulo XVIII - ¿Puede cualquiera ser verdugo?
 

Pero, al notar que las ideas suicidas se combinaban con la ideas asesinas pudo diagnosticar que él atravesaba una etapa depresiva peligrosa.

 

Sin embargo, su carácter relativamente, extrovertido y la fortuna de estar domiciliado en ésa,  la casa de su tía, una psiquiatra retirada, le facilitaron la catarsis, puesto que con ella conversaba con frecuencia sobre sus sueños y sus ideas.

 

Constantemente hablaba de matar a "Isadolobestia", tal como había rebautizado al origen de su tormento. Sus despertares estaban siempre plagados de maldiciones para esa persona y en sus pensamientos ocultos añoraba las distintas formas de eliminarla físicamente. Su inacción – expresión de su depresión - se recrudeció y se confinó, cual lobo herido, al cuarto que habitaba. Se dedicó a buscar aquellos sabores de la infancia que tanto apreciaba: ingerir refrescos de cola y chupar chocolate. Dejó de hacer los ejercicios que rutinariamente hacía y como consecuencia engordó peligrosamente. Pero retomó la música, la guitarra y la pintura, realizando lo que el mismo llamaba, su "labor –terapia".

 

Su habilidad en el diseño gráfico le permitió hacer fotomontajes donde "Isadolobestia", aparecía  degollada o ahorcada, en frente de un grupo de personas donde el padre de ella actuaba como testigo.

 


Bandidos matando una mujer - Francisco de GoyaDesde el hacha, pasando por el veneno, la escopeta, la pistola, la motosierra, la inyección letal de sustancias que le arrebataran la vida lentamente, mientras el la insultaba y le realizaba maniobras que le prolongaran la misma solo temporalmente, para que escuchara, ahora sin poder replicar, todo lo que él quería decirle, para humillarla y reírse de ella. El desfiguramiento con arma blanca o química y hasta el despellejamiento y desmembramiento para luego realizar canibalismo con sus previamente deseados muslos y nalgas, senos y pantorrillas, pasaron por su mente como formas y métodos para eliminarla.

 

En cierta ocasión en la cual por motivos de su trabajo dejó de tomar dos días seguidos el antidepresivo que lo mantenía mas o menos tranquilo, al reiniciar el tratamiento notó que su rabia aumentaba y por su mente pasó el cuadro de la tragedia inconmensurable, horrible, escalofriante, de acabar con toda la familia y la casa bajo el fuego y finalmente poner fin a su vida, que para ese momento sentía inútil y vacía... Tal es la fuerza del manipulador en la mente apropiadamente abonada.

 

Supo entonces, como médico, que el uso de esos medicamentos no es del todo inocuo y que podría precipitar un comportamiento agresivo.

 


Invitacin00200061 la agresin00220020width=Sin embargo, los intentos de Isabel de retarlo a la agresión física, en la ocasión en la cual ella destrozó todos los faros del su automóvil, limpiaparabrisas y espejos y lo hirió a él en la mano, no encontraron eco en él. Su forma de ser estaba realmente alejada de esas actitudes. Fue cuando se dijo que  su educación, su formación como individuo no agresivo, su formación como médico, le impediría siempre actuar como un asesino y actuar en forma contraria a su entrenamiento básico…, comprender la enfermedad..., salvar vidas.

 

Por otro lado, vio entonces que la intención de la bestia que habitaba en ella, era precisamente esa…, arrastrarlo todavía mas abajo…, - cuesta abajo como señala el tango - hacia un Apocalipsis privado, personal, en la carrera destructiva en la cual ella se había empeñado llevarlo desde aquella noche lluviosa, cuando se sintió despreciada en la despedida que le hizo este hombre, para intentar quedarse con Marita y con Daniel.

 

Fue cuando el carácter investigativo y analítico del profesor, le permitió ver mas claramente, entre la bruma mental  dentro de la cual ella lo había sumido durante los últimos  años, agravada durante los mas recientes cinco años del martirio en lo que se convirtió su matrimonio, que lo llevaron casi a un estado de coma. Matrimonio al cual se sometió con la esperanza de rehacer su vida…, pero con la peor persona que pudo escoger…, la que tenía la bestia en el cuerpo…, quien  lo logró precisamente por esa razón…, y por las facetas fronterizo-dependientes de  la personalidad del galeno.

 

Eso lo diferenció del protagonista de la noticia de la última página del diario local, - una de las que aparece cada doce días aproximadamente, - donde el militar, con una falta de control de sus impulsos, por su propio entrenamiento como militar dirigido a destruir el enemigo en lo cual se había convertido ahora su concubina. Pues lo desechaba, pretendía eliminarlo, no solo de su vida, sino como ente. Así se sentiría el hombre, con una incapacidad para tolerar la angustia e insuficiente desarrollo de canales de sublimación, por su debilidad yoica, o quizá..., ¿quien sabe?, habría que preguntar..., por haber reiniciado el interrumpido tratamiento con antidepresivos, terminó con su vida y la de los hijos de su amante, dejándola a ella desfigurada en su belleza para un infierno vital hasta su muerte.

 

El médico en cambio tiene un solo enemigo..., la enfermedad. Y quien la padece se convierte en un objetivo de su amor. Sea su esposa enferma o sea un extraño enfermo.

 

Por tanto no era posible que Francisco considerara a Isabel su definitivo enemigo, así lo pensara muchas veces, así considerara en sus momentos de mayor crisis, el asesinato como una solución. Así viera que tenía un detractor dentro de su casa, - la casa donde la había invitado a compartir para su bienestar, sacándola del cuchitril inmundo donde estaba criando a sus hijos, uno de los cuales era de él y del cual ella ahora injustamente para ambos, lo separaba. El hijo  que se lo engendró como método final para engancharlo, sabiendo, conociendo, concluyendo tras un inteligente estudio, que él era inevitablemente un padre responsable y amante de sus hijos. – Lo expulsaba de esa casa de la cual ella con sus artimañas logró despojarlo..., a pesar de no haberle en ningún momento esquilmado su amor y atenciones.

 

Distinto de lo que hizo Jasón con Medea.

 

En este caso él era Medea. Pero no era hechicero...,  sino médico.

 

El bien tutelado más importante de todos, tanto en Derecho como en Medicina, estaba bajo su cuidado... La vida.

 

Pensando como médico tenía que concluir que ella estaba enferma. De modo que se dedicó a buscar las razones de esa malignidad al mismo tiempo que se sometía a si mismo a la evaluación, para poder entender lo que todas le decían:

 

- "Francisco, porqué siempre te enamoras de zorras, si eres tan bello..., porque siempre repites con el mismo tipo de mujer".  

 

¿Complejo de caballero andante? ¿Personalidad psicopática?

 

El militar tenía que acabar con su enemigo. El militar no utilizó el canal de sublimación de visualizar en un montaje de PhotoPaint, la escena en la cual finalmente el pierde su vida por suicidio. Tampoco lo hizo aquel otro profesor universitario cuyo nombre adorna ahora laboratorios de investigación en la universidad donde labora Francisco. Tampoco lo hicieron tantos otros que decidieron acabar con su vida, por exceso de cordura y entender lo inútil de sus esfuerzos o por exceso de depresión. De haberlo hecho, probablemente la dantesca escena no se hubiese concretado. El acabar con tres vidas mientras dejaba el motivo de su venganza con un futuro tan destrozado como su cara. El militar no contaba con una línea telefónica caliente dedicada a atender el motivado a la violencia y a la agresión..., como existen en algunos países desarrollados para el motivado al suicidio.

 

Francisco en cambio, reconoció que estaba adicto a la hembra en Isabel y alguna vez reconoció y así se lo hizo saber a ella..., que el sabía que la adicción se cura con abstinencia, con la distancia..., que es el olvido. Pero, los sueños eróticos y los recuerdos persistieron por un tiempo, generando rabia, desprecio, odio, deseos asesinos en el adicto, ante su frustración. Tal como el niño malcriado al cual no se le cumple de inmediato su deseo. Tal como ocurría con César Augusto, cuando su madre, envidiosa, controladora, manipuladora, le impedía al niño hablar con su padre o visitarlo. Pero en el adulto aparecen canales de sublimación. Por eso el médico, cada vez que las letanías maldicientes o las elucubraciones asesinas, aparecían en su mente, sin importar la hora del día y de la noche, rezaba la oración de San Benito Abad:

 

- "vade retro Satana, nunquam suade mihi vana",( [1])

 

Esto lo combinaba con el interés por alguna lectura complicada o por escribir, por leer artículos médicos o estudiar leyes, por pintar, tocar la guitarra, hacer los ejercicios extenuantes que había retomado o simplemente por ver televisión o llamar a una amiga con quien salía a pasear, comer, bailar o intercambiar caricias, las cuales estaba aprendiendo a recuperar como propias y no dependientes de las enseñanzas de aquella bestia, enferma desahuciada, de la cual se había hecho adicto.

 

Estos mecanismos de recuperación o defensa de su  "yo", le hacían ver que las facetas anormales de su personalidad, se habían agravado con la nefasta compañía que había tenido durante los pasados largos cinco años del matrimonio-purgatorio que intentó equivocado con esa persona.

 

Se concentraba en leer poesía y en tratar de entender porqué la mente humana puede llegar a prendarse de una persona, como si de ello dependiera la vida. Se consolaba interpretando que ese era un mecanismo instintivo básico que permitía la preservación de la pareja y por ende del cuidado de los hijos y de la familia. Se consolaba pensando que la loca era ella, aún sin entender que su mente estaba también funcionando mal, ofuscada, estresada, enferma.

 

"No ya cual fiera encadenada lidio,

bajo la fría hostilidad del cielo,

por eludir con impetuoso anhelo,

la agresión indomable del fastidio.

Tu amor no espero, ni la gloria envidio,

Demoro sobre un páramo de hielo;

y se aleja en la noche de mi duelo,

la esperanza infecunda del suicidio.

Ni afirmo nada, ni tampoco dudo,

 y permanezco indiferente y mudo,

ante la adversa o la benigna suerte.

Que ignore al  fin mi voluntad vencida,

si es mejor que el disgusto de la vida,

la quietud sospechosa de la muerte". 

Pero ¿es acaso el varón quien mantiene la mayor cuota de instinto para conservar la familia? Probablemente sí, independientemente de su comportamiento poligámico. Las estadísticas son claras en cuanto a que las mujeres son las que introducen o solicitan siete de cada diez veces, el divorcio, facilitándole la vida a la caimana que espera afuera y desorganizándosela al infiel por naturaleza..., al varón..., al macho..., al esposo. Aunque también desorganizando la propia.

 

Y son raras por no decir, inexistentes, las cartas de amor que la mujer escribe o las canciones de despecho que compone y canta.

 

El poeta realiza su catarsis a través de las letras, que de alguna forma, al crear, lo alejan, tal cual confiesa "de la esperanza infecunda del suicidio"…, y del asesinato.

 

Y ruega que su voluntad vencida por el desamor ignore comparar el disgusto de la vida con la quietud sospechosa de la muerte. (1)

 



([1]) Apártate de mi Satanás. No me sugieras malos pensamientos.

(1) Andres Mata: Duelo, 1904.

 
   
 
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