apocalipsis conyugal
  Capítulo XXV - Chorra !
 


Francisco, aún dudando de la maldad, de la perversidad, de la impronta evolutiva que colocaba la bestia en Isabel, todavía buscaba en su auto - análisis culpas personales que explicaran su fracaso conyugal. Se remontó entonces a su infancia. A la Calle Colón.

 

La calle Colón, entre Padilla y Carabobo, a media cuadra de la Plaza Urdaneta, de un Maracaibo que ya no existe. Al fondo la calle Vargas, al frente a una cuadra, la calle Urdaneta. La casa de las Puche, a mitad de la cuadra, frente a la casa de los Hansen,  al lado de los Olivares, cerca de la casa de los Parra…, tan relacionados con el Gavilanes y el Pastora, los eternos rivales en el béisbol de aquellos años que recuerdan con nostalgia los nacidos después de la segunda guerra; calle Colón..., por donde todas las mañanas pasaban los carretilleros pregonando su mercancía, o al afilador de cuchillos se anunciaba con una armónica, de esas de plástico que emitían solo una escala de sonidos, pero suficiente para llamar la atención. Calle por donde transitaban los carritos por puesto de Bella Vista, que cobraban a medio real el viaje corto, hasta American Bar, donde meditaba la estatua de Udón Pérez en posición pensante, imitando a Rodin. Medio real..., una de doce mil partes de un dólar hoy.  Un real hasta la pequeña redoma del final de la avenida, La Plaza del Buen Maestro, donde llegara a Maracaibo el primer hidroavión hacía entonces solo veinte años.


Casa de las Puche,  casa de bahareque la cual en escasos 9 metros de frente, por 20 de fondo tenía dos pisos. Dos cuartos y otro que se la había robado a la sala mediante una división de madera; zaguán, entrada, comedor y cocina, un pequeño patio, plagado de loros, pericos y canarios, los cuales todas las noches debían ser cubiertos con unos trapos de color indefinido por lo viejo y usados, para la mejor producción de melatonina en sus cerebritos; un lavadero, un baño y una letrina, llena de cucarachas. El techo de enea era madriguera de ratas que en ocasiones, cuando la tertulia se tornaba altisonante, dejaban caer sus orines sobre las personas que discutían sentadas alrededor de la mesa del comedor. Debajo del piso de mosaicos que conformaban figuras geométricas que captaban la atención de Francisco, al ver que producían una ilusión óptica, cuadro hacia arriba o hacia abajo, según se mirara. Una escalera de caracol llevaba al segundo piso que ocupaba la sección anterior de la casa, desde la pared anterior del comedor hasta la pared frontal de la casa. ein BildEn la sala, colindada por la pared del zaguán por el sur y por el cuarto de Tía Rita por el norte, el cual estaba separado apenas por una división de madera con su puerta que nunca se usaba, pues estaba inutilizada por la presencia de la máquina de coser. Un juego sala en madera torneada de esos llamados "de Viena", con fondo de esterilla y una pianola. Anexo a la salita de entrada del zaguán adornado por una puerta que exhibía cristales multicolores, un pequeño cuarto lleno de chécheres, donde reposaba la vieja bicicleta…, intocable  - porque alguna vez él la volvería a usar - de José Luis, el primo adinerado gracias a los negocios de su padre, de la madrina de Francisco. Dos ventanas grandes adornaban la fachada inferior, vecinas a la gran doble puerta que de noche protegía el zaguán. Tres balconcetes adornaban la fachada superior, de los cuales solo uno, el del medio podía usarse con relativa tranquilidad, puesto que los otros, llenos de potes de leche, de Toddy, de jugo o vasos de cartón albergaban distinto tipo de matas, con o sin flores, crotos, ixoras, helechos o lo que fuera, las cuales debían regarse tarde en la noche o muy de madrugada, para evitar que salpicaran a los transeúntes. Esto se hacía,  - además del deseo de adornar de las que allí habitaban,- para evitar un posible accidente debido a lo desvencijado de los balconcetes y de las barandas de los mismos, cuyo hierro ornamental se encontraba en avanzado estado de oxidación. Solo un varón vivía allí, Eduardo, el hermano de la madrina de Francisco, y por supuesto Francisco, cuando las Puche se lo traían de la casa paterna o cuando por razones de disminuir las cargas familiares sus padres decidían dejarlo con las mismas. La escalera de caracol y el piso del alto eran de madera sostenida por vigas también de madera, que anunciaba con el taconeo el uso de la escalera y la llegada de alguien si estabas arriba o la decisión de bajar de otros si estabas abajo. Esto era importante por lo estrecho de la misma que dificultaba el paso si alguien intentaba usarla al mismo tiempo. Escalera de caracol, que trae a Francisco el recuerdo perenne de su primera piñata cuya forma de 4 le recuerda la edad que tenía cuando la contemplo con sorpresa y alegría aquel día, ante la satisfacción de quienes se la regalaron. El alto de la casa tenía dos espacios; al extremo del primero se encontraba el área de dormir de Ángela, otra sobrina, también quedada y Eduardo, el hermano de Aurora, de quien ella se había encargado luego de su orfandad, precedida por la sala de costura de la primera. En el otro ambiente, una amplia sala adornada con sillas de Viena, una cama amplia de esas de madera y loneta, como las camas de campaña, pero de tamaño matrimonial, cerca de la pared sur. Y allí también el sector donde se colgaban las hamacas para la durmienda de Tía Josefina, viuda ahora "porque a su esposo se lo mataron" -  se empeñaba en excusar el accidente que le ocurrió cuando se cayera y golpeara con la acera, producto de una borrachera -. Ese Luis Emiro, que Francisco recuerda de carácter afable y que se quitaba los callos del juanete y de los pies, con la navaja de afeitar, hasta el punto de sangrar. Y para la durmienda de los niños visitantes o vacacionistas; -generalmente…, Francisquito. Sólo un lavamanos y un viejo aguamanil con todos sus aditamentos, permitían alguna factibilidad de limpieza en esa pieza superior. El primero estaba situado en el extremo del primer ambiente, al lado de una ventana abierta al oeste, desde donde se vislumbraban los techos rojos, algunas calles y la Basílica, llamada entonces de San Juan de Dios. El aguamanil adornaba un rincón de la segunda pieza. Por las noches, bajar a los baños estaba prohibido, so pena de encontrarse con una miríada de cucarachas y ratas antes de llegar a la letrina, donde las paredes no se podían tocar dado el verde de los hongos que allí habitaban siempre, y su uso requería del calzado de los carriscochos, una especie de pantuflas de suela de madera y cubierta de caucho. Excepto cuando a Ángela le daba el ataque de limpieza. Entonces, pañuelo sobre su nariz y sobre su ensortijado pelo revelador de sus ancestros africanos, se dedicaba a reposicionar el polvo con un plumero, que ensuciaba todo del mismo polvillo renegrido que manchaba los pies de Francisco, cuando quiera que se le ocurriera andar descalzo, ante las miradas de reproche de tía Rita y Tata. Tata, otra de las tías de su madrina y quien le tenía especial cariño, lo mimaba, sacaba a pasear y complacía con regalos y dinero; conocidísima por todos en el mercado principal, que la saludaban efusivamente a la sola vista de su rápido y ágil andar, que Francisco debía seguir so pena de ser fuertemente tomado por la mano y prácticamente arrastrado a continuar. Los potes vacíos de leche Klim o de leche Nido, servían de contenedores de orines, hasta el otro día en la mañana, cuando cada quien debía bajar con los mismos para disponerlos en la letrina. La orina era especialmente abundante en las noches en las cuales Tía Josefina compartía con Francisco uno o dos sorbos, de sus dos botellas de cerveza Zulia, cuyo aviso luminoso era lo mas resaltante que los visitantes desde la costa oriental del lago, veían al aproximarse en el ferry a la ciudad. Dos botellas de cerveza que ella acostumbraba ingerir diariamente y que le ayudaban a mantener su buen humor y su abundante panículo adiposo.

 

Las paredes adornadas con fotos antiguas o con almanaques exfoliadores, aunque tampoco faltaba en almanaque anual, que traía el santoral completo y las fases de la luna, el cual se pegaba con almidón en la pared, temprano en el año.

 

Un radio receptor, en la época previa a la televisión, permitía oír las series noveladas de "Tamakún", el vengador errante y las comedias de "Mamerta y Cocomoco" y de Hector Monteverde y Peggy Walker. Particularmente, Francisco recordaría siempre la despedida de Mamerta:

 

- "Lo importante es ser feliz, mañana será otro día". -

 

Y por las tardes, el infaltable rosario por la Voz de la Fe, con el padre Olegario que a fuerza de ser escuchado, ya estaba grabado en la mente de Francisco, aún antes de su primera comunión.

 

- ¿Tía Josefina, que es fornicar? Preparándose para la primera comunión.

 

Actitud desconcertada ante el niño de 6 años; 

 

- Ummm, ahh, ehh, bueno…, no cometer malas acciones.

 

- Actitud momentáneamente satisfecha del niño, quien en el futuro no consideraría tal pecado como una mala acción. 

 

En uno de esos almanaques exfoliadores, que quizá por la razón que sigue permaneció muchos años, un grabado de una pareja joven y fuerte, que impresionaba a Francisco, especialmente por la belleza de la mujer, alta, trigueña, curvilínea, hermosa, grande, bien formada.

 

 
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– "Alguna vez tendré yo una novia así" -  decía el niño.

Nadie le dijo que la belleza exterior es efímera; y no que deba despreciarse sino que debe entonces conjugarse con la belleza interior, la inteligencia, la bondad y las virtudes. Esas, la prudencia, la justicia, la fortaleza, la templanza, la continencia, la humildad, la caridad, la largueza y la nobleza que engloba todas las anteriores.

 

Y..., por ende, la ausencia de psicopatología. La ausencia de sociopatía.

 

En esa casa, en determinadas noches cuando el sueño se negaba a asaltarlo inmediatamente, Francisco se preguntaba, porque no estaba su madre con él. Que ocurría que su madre no estaba con él, sino este poco de mujeres, que si bien le demostraban extremo cariño, exceptuado aquel día que Tía Rita, la que se rascaba la espalda con cómicos movimiento sobre el borde de las columnas revestidas de madera, le pegó por alguna nimia travesura. Ese día él la odió. Solo su madre tenía el derecho de castigarlo... Porque le pegaba sin razón. Esa mujer, que no era su madre. Si bien fungía de serlo, porque era quien en ese momento lo cuidaba. Quizá fue esa noche, cuando Francisco lloró más por la ausencia de su madre. Un llanto quedo, de hombrecito de 5 o 7 años.

 

¿Que no haría para agasajar a su madre cuando de nuevo se encontrara con ella?

 

¿Que le diría para llamar su atención y evitar que de nuevo lo dejara con aquellas buenas mujeres?

 

¿Como influiría esta situación en su futura manera de manejar sus amores?

 

¿Cómo influirían las canciones que oía de labios de su madrina en su futuro comportamiento, cuando ella tratando de amainar el calor, lo mecía en su hamaca, mientras entonaba el bolero de moda popularizado por  Sadel que decía "Señor, me queda el consuelo de saber que nunca,  la querrán lo mucho que la quise yo".

 

¿Pensaría en su madre mientras escuchaba esa canción?

 

¿Podría esto ser una orden subliminal para buscar mas tarde relaciones efímeras, para poder cantar ésta o similares canciones?

 

¿Se dedicaría a buscar una Isabel para después poder justificar el mensaje recibido?

 

¿Constituía para el un placer, masoquista…, el dolor de la pérdida?

 

¿Era esto consecuencia del tiempo que extrañó a su madre, mientras vivía con las Puche?

 

Francisco desarrolló a muy tierna edad su afición a la música; quiso aprender a tocar cuatro, pero los dineros no alcanzaban ni para un buen cuatro, ni para un buen profesor de música. Pero la afición por las canciones, siempre fue por las canciones románticas. Le gustaban particularmente aquellas que hablaban de abandono y de amores perdidos. "Juramento", "Romance del morichal" " La noche fatal"·, "Nube gris", "Caminemos","No vengo ni voy", "Yesterday", "Tu amor fue una ilusión".

 

¿Es posible que él indujera con su comportamiento, lenguaje corporal o verbal, la separación, a la cual conscientemente temía tanto?

 

¿O sería ésta la forma como la impronta evolutiva en él actuaba para hacerlo polígamo y de esa forma tener hijos con varias mujeres, promoviendo así una variabilidad genética, que de otra forma no podría alcanzar, por encima de la lógica, de la inteligencia y de su propio bienestar?

 

En él existía el deseo del amor decidido, firme, único, eterno, que soportara todas las vicisitudes, todos los problemas, que perseverara, como hasta cierto límite vio perseverar el amor de sus padres y como a pesar de la separación y la viudez, vio lo inacabable del amor de su madre por su padre. Y el de su abuela paterna, por su abuelo. Se solazaba hasta las lágrimas con la contemplación de las películas donde esto ocurría, como en aquella "Lección de Piano" o "Mujer Bonita".

 

Trataba de buscarlo, aún teniéndolo en su primera esposa y después de divorciado entonces continuaba buscándolo. Su poema "Mujer Soñada" lo denuncia en la búsqueda de lo imposible. Porque una vez en alguien encontrado, siempre le encontraba "peros"  se decepcionaba fácilmente. Buscando la perfección a lo cual lo imponía su personalidad, pero que lo llevaba a conseguir la imperfección, como demostraba su experiencia. Una combinación perfecta de sus aspiraciones y su entrenamiento como médico, curar, restablecer la salud.

 

-- "Sí…., muy difícil decepcionarte a vos",  - le dijo sarcásticamente una vez su primo Pepe, ante un comentario de su parte con respecto a alguien, de moda en su interés para entonces.

 

Ah! Pero cuanto tardó en decepcionarse de Isabel.

 

Cuanto tiempo perdido, cuanto dinero perdido, por haber pospuesto la decepción.

 

¿Sería ella su verdadero amor?

 

Una pregunta repetida a si mismo y expresada por cuanta persona le oía hablar de ella. ¿Sería? O sería más bien la resolución edípica, tal como él la conociera en su infancia. Amor de madre esporádico y sin embargo satisfactorio. Un programa "envirulado" en su disco duro cerebral.

 

Era más bien la idealización del amor que buscaba y que la manipulación de ella permitía hacerle mantener la esperanza de que allí estuviera.

 

¿Es posible que  sufrimiento y amor compaginen?

 

 

"El amor, así como os asciende a lo mas alto y acaricia vuestras mas tiernas ramas, que se estremecerán bajo el sol,  así descenderá hasta vuestras raíces y os sacudirá en su abrazo con la tierra..., pero si en vuestro miedo, buscáis solamente la paz y el placer en al amor, entonces es mejor que cubráis  vuestras desnudeces y os alejéis de sus umbrales, hacia un mundo sin primaveras, donde reiréis, pero no con toda vuestra risa y lloraréis, pero no con todas vuestras lágrimas". ([1])

 

Aquí el poeta haciéndose cómplice de Isabel, reforzaba las esperanzas de Francisco en cuanto a que era posible que aquel comportamiento fuese solo una faceta temporal en Isabel contrario a lo indicado por el asesor matrimonial.

 

Ahora Francisco quería recuperar el concepto de la vida basada en principios: "Matrimonio y familia son para toda la vida".

 

Pero la bestia..., la bestia en Isabel,  jamás lo permitiría.

 

O simplemente, su subconsciente descartaba la mujer que podría ser su compañera fiel por muchos años, para buscar aquella que le brindara un amor tenso, apasionado y loco, pero efímero.

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Como el de aquella Dora Margarita, cuya puerta a la vida, - inútil para ello por su estrechez pélvica, pero que por lo mismo dejó su vagina nulípara y extraordinariamente funcional, de lo cual ella se ufanaba y ofrecía solo a individuos prominentes - "como una charrasca al revés, adornada por la vulva mas grande del universo", la describiera una vez Francisco - no tenía parangón con ninguna otra que el galeno hubiese observado en sus mas de 1000 partos  y no cuantificados amores atendidos; debió ser la modelo de Courbet en su célebre cuadro "Puerta a la vida".

 

ein BildBuscaba un amor que lo moviera a componer canciones, pintar desnudos con esos cuerpos deseados y explorados, fotografiados hasta el cansancio, especialmente el de Isabel y foto montados en lides amatorias extremas, resolución edípica por la falta que percibiera del amor filial materno que extrañara algunas veces en aquellos años formativos de la psiquis…, en su niñez; que le fomentaran una mente expectante ante la posible falta de ese amor y de allí la necesidad de variación o de mantener uno de repuesto..., sin realmente poder identificar cual era el principal.

 

O eran simplemente la expresión de la bestia en el cuerpo del médico; de una mutación en el gen de la sintetasa-3 de óxido nitroso o algo similar; o en los receptores androgénicos.

O era simplemente la búsqueda del placer masoquista -el dolor autoinfligido, la auto flagelación y el cilicio amatorio - derivado por la pérdida, seguido por el placer agradable, hedonístico, de la nueva búsqueda, de un nuevo encuentro placentero, de una nueva conquista.

 

Era simplemente la expresión de una inmadurez emocional extrema,  todavía sin explicación científica, neurológica, psicológica, bioquímica, inmunológica, o combinaciones de ello, jamás lograda la madurez, por razones de programas aprendidos o por razones constitucionales.

 

Estos son los hombres, que como Casanova, llegan a la vejez solitarios, solo con sus recuerdos, los cuales constantemente buscan en cartas, fotos, películas, videos o páginas Web, que alguna vez guardaron, para poder conservar algo de aquella loca juventud, ahora perdida.

 

Ellos son los que miran con nostalgia aquellas a quien alguna vez amaron, ahora acompañadas y curadas…, avejentadas como él o también solas porque nunca pudieron recuperarse del apasionado amor y dedicación que les brindó y luego les sustrajo bajo el argumento de la separación por culpa de aquella o por una incompatibilidad de caracteres que precisamente el conocía subconscientemente de antemano, que le serviría de excusa para la pérdida.

 

Cuando decidió casarse con Isabel, Francisco estaba compelido a que este fuera su amor definitivo. Así lo hizo saber a sus amigos, a sus parientes y a su diario. Pero no contaba con la actitud de Isabel, quien ya venía con un plan preconcebido, producto también de su estructura o de su programa que la hacía agresiva, mendaz, desleal, manipuladora, calculadora, de afectos superficiales, convencida de ser grande única e indispensable, incapaz de mostrar arrepentimiento o de aprender de sus experiencias y errores 

De lo cual Francisco quizá subconscientemente enterado, simplemente esperaba el desenlace y disfrutaba entretanto del sufrimiento.

 

¿Será posible que fuese precisamente la dedicación de Francisco al hogar, a ella y a los hijos, lo que despertara la bestia en ella?

 

Acostumbrada estuvo siempre a ver infidelidades en su padre; su ideal de hombre, sería entonces el hombre infiel, mujeriego, conquistador, eso que Francisco había sido siempre, antes de casarse con ella. Una aspiración por demás anormal en una mujer pero que se manifestó en sus fantasías sexuales cuando necesitaba excitación a través de vídeos que mostraban la relación de tríos y su constante invitación a que hicieran realidad esa fantasía; Francisco temía que al cumplir ese pedido luego ella exigiera invitar otro varón al lecho conyugal. Un hombre normal no podría ser quien perdurara a su lado. Debía ser alguien tanto o más enfermo que ella. Francisco no se percibía  todavía en esa categoría.

 

¿Estaría ella atendiendo a lo observado por otros en animales inferiores? Las hembras del pájaro guaco (Tetrao tetrix) se interesan mas por los machos que tienen mayor número de hembras a su alrededor.

 

Pero las razones por las cuales las hembras se concentran alrededor de un macho son variables. En la Hirundo rustica, la golondrina de granero, - tan abundante en ese pueblito andino donde Francisco llevara su familia, la cual anida allí en los orificios de las paredes de obra limpia cuando los bloques se han deteriorado con los golpes y el tiempo, - las hembras prefieren los machos de cola larga…, porque tienen menos piojos!

 

La hembra humana, Marita, Isabel, otras, preferirán un profesional y profesor…, porque tiene sueldo fijo, es demandable..., y no tiene piojos..., de modo que será tolerable por un rato largo, mientras ellas implementan el despojo.

 

No es justo, sin embargo descartar la intuición de la hembra en busca del macho más arrojado, más fuerte, con un canto más sonoro y variable, más bello, lo cual le aseguraría una sana descendencia, unos hijos bellos así sufran temporalmente de genu valgo, una marca en los hijos de Francisco.

 

Ella fue testigo de algunos actos amatorios de su padre con otras mujeres cuando lo acompañaba en aquellos viajes, siendo ella una adolescente, cuando su padre, suponiéndola dormida usara la cama vecina, separada apenas por una delgada cortina, despertando en ella no solamente el deseo de experimentar aquellas sensaciones que escuchaba verbalizar, sino que fueran proveídas por un hombre como su padre. Que fueran proveídas por su padre. Que fueran proveídas por su padre representado en Francisco. Para luego dejar una sensación incestuosa insoportable, que la llevaba al rechazo del hombre que la amaba.

 

- "Por tu culpa!. Yo te dije que no me buscaras. Que no me pidieras hacer el amor!. NO VEO. ME VOY A QUEDAR CIEGA. VETE. VETE. TE ODIO." Fueron las palabras corolario de la obstinación y hastío de Francisco y entre otras acciones (la de involucrar a su hijo para que buscara la policía bajo la calumnia de la agresión - de  mentiras te alejarás...  (1), - lo que lo decidió a dejar a Isabel.)
Lolita de Stanley Kubrick¿Serían estas palabras o similares las que le diría a su padre cuando se acercaba a ella en una forma confusa filial o erótica, durante aquellas jornadas novokovianas de su adolescencia?

 

Ese día de Brujas, un Francisco lloroso se acercó a buscarla en la madrugada, quizá recordando aquellas mañanas cuando cantando "Caballo Viejo", se dirigía a buscarla en Santa Cruz, desde el apartamento de su madre, donde Marita lo había relegado por su incomprensión. Ella se había mudado al cuarto que él había construido para César Augusto, el hijo mas desamparado. Francisco, se acercó a ella, en medio de la neblina que se metía en la casa y humedecía los pisos, todavía de cemento requemado, pero ya esperando la terracota, el granito o el mosaico, tanto había avanzado la construcción del palacio que él tenía en mente para ella y su familia.

 

- Mi amor. Hasta cuando me vas a tener en este castigo inmerecido. Si en verdad me amas, ven acompáñame. Duerme conmigo estas pocas horas que nos deja la noche.

 

Y la tomó de la mano. Esa mano suave y querida, que tantas veces los había llevado al éxtasis. Ella adormilada o quizá pensando en que podría sacar en provecho de esto, se dejó llevar para el cuarto que antes ambos compartían. Pasó poco tiempo antes de que un sexo desesperado hiciese explosión en el varón y ella lo acompañó... Quizá imposibilitada a resistir esas caricias demandantes donde todas las mucosas hicieron contacto hasta el punto de recordarle a Francisco la textura de las ostras, cuando puso en práctica todas las técnicas aprendidas en tantos encuentros amorosos previos. Una vez satisfechos y aún acariciándola, Isabel, denunciando su pensamiento, le preguntó el porqué de esa tendencia de ella a desear el contacto lésbico. El sugirió que quizá se debía a la ausencia del contacto materno que tanta falta quizá le hiciera recién nacida y por eso extrañaba el seno materno, respuesta con la cual ella pareció congeniar.

 

- Mi amor, mi tesoro, mi hembra, mi puta privada, mi amada, mi todo... ¿Que puedo hacer por ti hoy para tratar de que esta felicidad que nos dimos, perdure algo mas?

 

Pareció desconcertada. ¿No se esperaba esta zalamería? ¿O rechazó la actitud entregada del hombre, de quien ella esperaría mejor que se fuera a la calle a buscar otra mujer? Como habría hecho su padre. ¿O quizá pensaba ella en otra mujer?

 

- Bueno... Podrías arreglar ese garaje que está tan lleno de chécheres y poder utilizarlo de nuevo para guardar tu carro.

 

- Bien. Eso haré. Pero primero voy a comprar la prensa. –

 

Francisco salió como un desaforado a buscar ayuda para cumplir con la petición de Isabel. Era sábado y sería difícil encontrar a alguien lo suficientemente fuerte para ayudarlo a mover tanto mueble pesado hacia el cuarto que estaba construyendo en la parte alta de la casa. En el nivel PoinPoin, como él llamaba la terraza desde donde se visualizaba la montaña que rodeaba el querido pueblito andino. Alguien finalmente se ofreció conquistado por la posibilidad de que Francisco le facilitara un caucho que necesitaba urgentemente para su carro, aunque sin despreciar el dinero ofrecido.

 

Cuando Francisco llegó a la casa, una bestia vociferante lo esperaba.

 

- !Que no podía hacer nada! !Que estaba enferma! !Que estaba mareada! !Que era culpa de él por haberla obligado a hacer el amor! -

 

Todo este pleito se desarrolló en frente del obrero que Francisco había contratado y sin respetar los oídos de los vecinos, ignorando ella quizá que el clima frío aunado a la tranquilidad del pueblo, permite que las ondas sonoras se trasmitan más lejos. Y por supuesto..., delante de los hijos.

 

Francisco desprendió el olor de la tristeza, de la decepción, de la vergüenza, del desamor.

 

Le dijo al obrero:

 

- Lamento esto. Esta mujer está loca. No se que le pasa. Por lo menos llévate el caucho que te prometí. Luego te aviso si por fin  haríamos el trabajo. Adiós.

 

El hombre lo miró con pena ajena en sus ojos y se marchó.

 

Todo el resto del día el estuvo intentando evitar el contacto con ella. Pero constantemente se introducía en el cuarto estudio de él para recriminarle su inacción. Para botarlo de la casa. Para solicitarle el divorcio. Para cual arpía, solazarse en el olor de la tristeza que él desprendía. Sólo César Augusto se acercaba constantemente para preguntarle cosas y demostrarle su amor.

 

En la tarde, Francisco llamó a su tío en Jajó y le preguntó si podría irse para allá. El tío ofreció una excusa. Que quizá mas tarde ya que estaba en una reunión. La conversación telefónica con la hija mayor, lo reanimó. Ella recién estaba estrenando su Gran Vitara y se sentía muy bien. El la felicitó y luego le agradeció su llamada, que lo había sacado de ese sopor triste donde lo había sumido Isabel por enésima vez en cinco años de purgatorio. Mas bien..., de infierno. Isabel escuchaba su conversación en el cuarto vecino y al notar que Francisco le mencionara el pleito prolongado durante todo el día, después que el cortara la comunicación, ella salió a su encuentro:

 

- Eres un coño de madre. Me pones en mal ante tu hija. –

 

- Bueno chica. Se me pegó tuyo. Tú sabes que el que anda con cojo, al rato cojea. –

 

Y comenzó ella de nuevo a sacar la ropa del closet. Comenzó de nuevo a abandonarlo. Comenzó de nuevo a solicitar el abandono primigenio que ella sufriera al nacer.

 

Francisco había estado leyendo libros de autoayuda, además de la terapia cognitivo conductual que recibía semanalmente de un psiquiatra en Valera. En "Gente Nefasta"(1) la había visto retratada a Isabel como un tipo de personalidad demoníaca. Aquí se indicaban algunas técnicas para llamar la atención de la persona nefasta. Entre ellas, "tome a la persona por las mejillas y dígale algo cautivante, para hacerla entender sus sentimientos".

 

Mientras ella sacaba la ropa del closet, todavía sin puertas del cuarto matrimonial, Francisco se le acercó y la tomó por las mejillas con cierta fuerza y le dijo:

 

- Pero mujer del demonio. ¿Por qué te portas así conmigo, cuando todo lo que he hecho yo en la vida es amarte, protegerte, elevarte, cuidarte y ponderarte?

 

Ella se sorprendió y quedó al principio desconcertada. Solo unos segundos apenas, cuando notó en el umbral de la puerta, la presencia de su hijo, el mayor, el bastardo que Francisco legitimara y protegiera y quisiera haberlo tenido como hijo pero que ella no permitió nunca, temerosa de que Francisco le compitiera el amor enfermizo que de él, ella necesitaba. Castrando su individualidad desde entonces.

 

- ¡Mira hijo! ¡Me está pegando!

 

- Anda, busca la policía para meterlo preso. - ¡Me está pegando! ¡Me esta pegando!

 
   
 
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