apocalipsis conyugal
  Capítulo XXVII - Todo prisionero debe escapar.
 

Naturaleza humana. El poder se ejerce. Si te dejas mandar, te mando. Si estás bajo mi mando, porque alguien -  o tu mismo – me dieran la autoridad para ejercerlo sobre ti, lo voy a hacer. Y si esa autoridad no tiene restricciones ni vigilancia, la ejerceré hasta el extremo de la tortura, hasta el extremo de tus fuerzas, hasta el extremo de tu dignidad, hasta el extremo de tu vida. Momentáneamente, puede ser que me arrepienta, pero al ver que no protestas, que no huyes, que no respingas, que no respondes, que no me agredes o que lo haces débilmente..., me ensañaré contigo. Me alegraré de verte confundido cuando en esos momentos en los cuales me hago la tonta  y te dejo hacer y te dejo comer tranquilamente el alimento que te traigo, o te dejo beber de la copa que te ofrezco, cuando vea que bajas la guardia creyendo que te estoy empezando a dejar ser persona de nuevo, te sorprenderé otra vez haciéndote sufrir  y disfrutaré de ese sufrimiento que te infrinjo. Me reiré por dentro o a carcajadas, enfrentándote o a tus espaldas. Comentaré como te tengo, con otros que comparten mi poder, y disfrutaré de ver sus caras de asombro o complicidad. Les comentaré del vallenato que me dedicaste aquella vez, raro en ti ajeno a ese tipo de música, - "que me los pegue,  pero que no me deje" – y me burlaré de tu minusvalía ante mí. Indagaré si existen nuevas formas de hacerte sufrir; miraré cuales pequeños placeres todavía disfrutas para esquilmártelos. Interrumpiré tus momentos de meditación y tus momentos creativos para que la rabia sorda que de allí derives, - porque no te atreves a protestar,  - te haga sufrir todavía más. Si disfrutas del amanecer, no te dejaré salir hasta el mediodía. Si disfrutas del atardecer, te encerraré antes de esa hora. Si es la noche estrellada la que te hace feliz, encenderé luces para que te cieguen o te ocuparé para que no puedas disfrutarlas. Si tienes celos de alguien pueda contemplar mi cuerpo, lo expondré. Si alguien te gusta fingiré celos para que no puedas conversar con ella o mirarla o admirarla. Si disfrutas de un buen cigarro después de la cena, te lo prohibiré. Si el licor te agrada, te llamaré alcohólico. Si corriges a los niños, te acusaré de maltratarlos. Si me besas, diré que me muerdes. Si me acaricias, que me pegaste. Si me deseas, te haré creer que tu sexo no me llena; mediré con mis manos tu pene y haré una mueca para que creas - o para que sepas - que los he visto más grandes. Si me preguntas de donde vengo, contestaré con una sonrisa pícara y me callaré o diré que de estar con colegas o con amigos, para que tú creas o sepas que estuve con otro..., para verte sufrir. Si quieres ver a nuestros hijos, te los esconderé y les diré que no vale la pena que te quieran. Si amas mucho a alguno de ellos, lo utilizaré para obtener mayores prebendas de ti. Lo induciré a que te busque y luego te lo quitaré de nuevo. Si te demuestran amor, los haré sufrir para condicionarlos a que te odien. Si le temes a la vejez, te contaré los años.  Si haces algo para la casa, lo criticaré acerbamente, desvalorizándolo. Tus vestidos los veré feos. Tus logros los disminuiré, tus dineros los gastaré. Todo lo que me des me parecerá siempre insuficiente. Todos tus bienes te los sustraeré. Tus momentos los distraeré, tus deseos los diferiré o dejaré ahogados, no satisfechos. Mi compañía te la quitaré. Mis atenciones te las reclamaré. Mis exigencias las incrementaré. Te haré creer que no hay nadie más que yo, pero no te permitiré que me disfrutes en ninguna forma. Seré tu infierno del lascivo: mujer presente deseable, pero inalcanzable e impenetrable. Los momentos de alegría los convertiré en momentos de rabia. Ninguna fiesta será santificada, ni cumpleaños, ni matrimonios, ni bautizos. Tus parientes los espantaré. Maldeciré a tu madre. Las navidades y los años nuevos no tendrás ni regalos ni abrazos, ni tranquilidad o felicidad. Tu vida será un purgatorio o un infierno porque ejerceré sobre ti al máximo, el poder que me has dado. Cada sinsabor que por casualidad - o por mi azote sufras con mas frecuencia, por lo azarado que vivirás, - lo disfrutaré: Cuando se descomponga o  choques el carro, cuando te reclamen responsabilidades por hechos fortuitos, cuando te roben tus instrumentos de trabajo, cuando se descompongan tus herramientas y te hieras accidentalmente, cuando se rompa una cuerda de tu guitarra..., en fin cuando mi acoso surta el efecto de afectar cada acto de tu vida. El cielo lo verás infernal y la muerte la verás como la salvación y no te atreverás a descargar tu mano sobre mí, porque te habré vejado de tal forma que ya no serás una persona, sino un ente bajo mi total dominio. Un juguete bajo mí malvado signo de la bestia. Y voy a disfrutar cada momento malo que me confieses. Disfrutaré como se pierde la lozanía de tu piel y tus ojos luzcan cansados por las ojeras derivadas de las noches insomnes que pasarás solo en tu cuarto lejos de mí ansiada compañía. Me contentaré de ver como crecen las arrugas en tu cara, como aumentan las canas en tu pelo, como descuidas tu salud, como pierdes prerrogativas en tu profesión, como tus parientes y amigos se alejan de ti al notar tus cambios de humor. Ningún exorcismo será útil para extraer la bestia que antes yaciente, has despertado en mí con tu entrega. – Ah! Como disfruto haciéndote sufrir!- , sin importarme si mas adelante sufriré yo también..., o haga sufrir a mis hijos. Pero es que mi naturaleza me impide actuar de otra forma. Y no me disculpo, no. Solo lo menciono, para luego poder culparte entonces a ti, si alguna vez en un arranque de locura homicida por instinto o hastío, acabas conmigo y con mis hijos y luego acabas con tu vida. Quien te manda a enamorarte de mí. Quien te manda a tener la esperanza de una vida armónica y productiva conmigo. Conmigo. Ja!. Quien te manda a amarme, a adorarme, a idolatrarme, a desearme con exclusividad. Si yo no lo merezco, yo merezco el abandono, no el amor. Quien te manda a no haber visto el amor verdadero que otras te ofrecen u ofrecieron. Quien te manda a adorar la bestia. La furia de Dios, mi aliado, ha caído sobre ti. Soy tu Apocalipsis y disfruto de ello.(1)

 

Ah! Pero el Apocalipsis funciona para todos; el castigo solo espera su oportunidad para actuar. Tarde o temprano me llegará el hambre, la guerra, la peste y la muerte (2)…, "y no habrá reposo ni de día ni de noche para los que adoran a la Bestia y a su imagen, ni para quien acepte la marca de su nombre." (3)

 

Porque la alegría de la bestia humanizada es breve y el gozo solo un momento. Como su estiércol, pereceré para siempre. La gente se preguntará luego por mi paradero ya que deberé esconderme, por mi maldad. Dios se olvidará de mí. Mis hijos se verán obligados a devolver lo que te robé. El mal repartido por mí se mudará a mis entrañas y las riquezas robadas habré de vomitarlas, puesto que me robé las casas edificados por otros de quienes me aproveché. No habrá para mí paz ni sosiego y todo lo robado tendré que perderlo, por tanto mi bienestar no durará. En el colmo de la abundancia, padeceré estrecheces. Todos los males vendrán a mí. Sufriré de úlceras estomacales enviadas por Dios. Seré herida por el hierro. Perderé otra vez mi cabello. Sufriré de terrores. Me consumiré en el fuego. Para todos será evidente mi iniquidad. (4)


                                      Guardiana del infierno
Esta es la casa que he guardado para tí

1 Apocalipsis 17:4-9

2 Apocalipsis 6: 2-8

3 Apocalipsis 14: 9-11

4 Job 20: 5-29

 
   
 
=> ¿Desea una página web gratis? Pues, haz clic aquí! <=