apocalipsis conyugal
  Capítulo XXVIII - Conociendo la perversa arpía
 

La Arpía (1) es una maestra de la ofensiva. Una ofensiva urdida con inteligente y fría estrategia, exquisita paciencia y una misteriosa percepción de las debilidades ajenas. Cuando la arpía embiste apunta directamente al blanco, con precisión mortal. Cuando te pica, sabes que te ha picado. Por eso es raro que la gente la enfrente por segunda vez. Generalmente con una vez basta y sobra.

En sus ojos se refleja un sereno aplomo y una fortaleza oculta, hay algo que transmite un mensaje claro: "Cuidado. Esta agua mansa es muy profunda. Y podrías ahogarte en ella".
Es una maestra perfecta de fuerza de voluntad y estabilidad, a menudo proyecta su frialdad emocional, ya haya pronunciado esas palabras o no, siempre se regirá por ellas: "Me acordaré de esto".

A veces se convierte en esclava de su propia voluntad, de tal manera que perseverará en su empresa aún después de tener la evidencia de que el camino por el que marcha le llevará irremisiblemente a la autodestrucción.

Es un tipo de compulsión vehemente, de la que luego hay que arrepentirse.

Ella ataca súbita, inesperadamente, desde la retaguardia. Esa rebelión secreta, seguida por la represalia súbita es su actuar normal cuando algo la molesta.


Su actuar es fruto de una fría premeditación. Como ella suele ser reservada cuando no está en acción, sus inexplicables arranques de venganza colérica sorprenden y enfurecen.

Ella no da el menor indicio de lo que se proponía hacer, ya que ella te habla con voz fría y serena, sus ojos te miran con la habitual devoción vehemente, y su despedida es tan cortés como siempre

Esta persona se atreve a maltratarte y sobresaltarte con maniobras sorpresivas y retroactivamente.

– "Yo no tengo ningún problema. Tu sí." – Es su frase favorita.


Cuando consigue lesionarte, ella se desentiende de tu indignación furibunda, porque ya ha retomado su displicencia silenciosa. Se ha desconectado. Desapegada y despreocupada. También indiferente.

Ella obra con tanto sigilo y de una manera tan indignante, que antes de que puedas contraatacar para defenderte, ella se desconecta fríamente, entonces puedes convertirte en una persona agresiva, frenética, que pelea con su sombra y reparte golpes a ciegas. Tal hizo Isabel al enfrentar a Francisco con Marita.

El hecho de sorprenderte así, para replegarse luego y negarse a prestarte siquiera atención y a escuchar tus imprecaciones, te coloca en una situación de indefensión.

¿Cómo es posible que una mujer con una voz tan susurrante, cautivante, agradable y con dulces modales femeninos, sea una arpía encubierta? En ello reside la clave.

 ¿cómo iba a sospechar Francisco, lo que le preparaba?

Sus técnicas vengativas, sus ataques de represalia, seguidos por el repliegue instantáneo, sólo ocurren cuando está enfadada; el resto del tiempo es sencillamente una dama tierna, un poco tímida, sensible, que tiene sus momentos de sosiego. A menudo, después de uno de sus ataques de venganza parece sólo una simpática señora, con jaqueca, que siente mucho causar semejante contratiempo.

Ella no conoce la palabra "repliegue", es posible que parezca que se dan por vencidos, que se retiran o desaparecen. Pero volverán. Esa mujer es engañosamente apacible, con sus accesos de cólera borrascosa, sus palabras hirientes o sus actos vengativos. (2)

Cuando a una perversa se le pregunta algo directamente, elude la comunicación. Como no habla, impone una imagen de grandeza o de sabiduría.(3)

El agresor niega la existencia del reproche y la existencia del conflicto. Con ello paraliza a la víctima, pues sería absurdo que ésta se defendiera de algo que no existe.

A la víctima se le niega el derecho a ser oída. A la perversa no le interesa su versión de los hechos, y se niega a escucharla.

El que rechaza el diálogo viene a decir, sin decirlo directamente con palabras, que el otro no le interesa, o incluso que no existe.

Cuando la perversa habla con su víctima, suele adoptar una voz fría, insulsa y monocorde. Una voz sin tonalidad afectiva, que hiela e inquieta.

La perversa no suele alzar la voz, ni siquiera en los intercambios más violentos; deja que el otro se irrite solo.

El mensaje de la perversa es voluntariamente vago e impreciso y genera confusión. Luego, elude cualquier reproche diciendo simplemente "Yo nunca he dicho esto". Al utilizar alusiones, transmite mensajes sin comprometerse. También se abstiene de terminar sus frases.

Envía asimismo, mensajes oscuros que luego se niega a esclarecer. Estas palabras son agresivas pero se dicen en un tono "normal", tranquilo, casi sosegado.

Otro procedimiento perverso consiste en nombrar las intenciones del otro, o en adivinar sus pensamientos ocultos, con lo que el agresor da a entender que conoce mejor que la víctima lo que ésta piensa.

En lugar de mentir directamente, la perversa prefiere utilizar un conjunto de insinuaciones y de silencios a fin de crear un malentendido que luego podrá explotar en beneficio propio.

Las cosas se dicen sin decirlas, esperando que el otro comprenda el mensaje sin tener que nombrarlo.

Dígase lo que se diga, la perversa siempre encuentran la manera de tener razón, y esto les resulta más fácil cuando ya han logrado desestabilizar a su víctima.

El desprecio y la burla dominan la relación de la perversa con el mundo exterior. El desprecio afecta al compañero odiado, a lo que éste piensa y hace, pero afecta también a su círculo de relaciones.

Tanto las maldades, o las verdades que duelen, como las calumnias o las mentiras, nacen casi siempre de la envidia.

La agresión se lleva a cabo sin hacer ruido, mediante alusiones e insinuaciones, sin que podamos decir en qué momento ha comenzado ni tampoco si se trata realmente de una agresión. La agresora no se compromete. A menudo, le da incluso la vuelta a la situación señalando los deseos agresivos de su víctima "Si piensas que te agredí, es que tu mismo eres agresivo". Voltea la tortilla para darte lo quemado.

A diferencia de lo que ocurre en los conflictos normales, con una perversa narcisista no se produce un verdadero combate, por lo que tampoco resulta posible la reconciliación. No levanta nunca la voz y manifiesta únicamente una hostilidad fría. Si alguien se la señala, la niega. Una vez que su compañero se exaspera o grita, resulta fácil burlarse de su ira y ridiculizarle.

Así la reacción iracunda, denigra y descalifica a un individuo, pero también se extiende a todo su círculo de allegados.

Para una perversa, el placer supremo consiste en conseguir la destrucción de un individuo por parte de otro y en presenciar ese combate del que ambos saldrán debilitados y que, por tanto, reforzará su omnipotencia personal.

Tal como hizo Isabel fomentando el odio de Francisco hacia Marita, recalcando a cada instante "Nunca te quitará la demanda, esa malvada, maluca, malagradecida", mientras ella se retrataba con la misma cámara. Mientras ella se miraba en el mismo espejo.

Sembrar la duda mediante alusiones, o al guardar silencio sobre ciertos asuntos, es una hábil manera de atormentar al compañero, de reforzar su dependencia y de cultivar sus celos.

La toma de poder se lleva a cabo mediante la palabra. Se trata de dar la impresión de conocer mejor las cosas, de detentar una verdad.

 Los perversos dan mucha seguridad a las personas más frágiles. Se establece un funcionamiento totalitario que se basa en el miedo y que procura obtener una obediencia pasiva. La víctima debe actuar tal como lo espera la perversa y debe pensar según las normas de éste último. El espíritu crítico deja de ser posible.(4) Y la crítica se ignora, se destruye, se suplanta.

Avanzar enmascarada es lo típico de la perversa, porque la perversa destruye con sonrisas.


 

 


 1 Linda Goodman http://www.acosomoral.org/tatie3.htm.

 

2Extraído de "Los signos de zodíaco y el amor"

3El Actuar Perverso, por Marie-France Irigoyen.

http://www.acosomoral.org/tatie3.htm

4Extraído de "El Acoso Moral" de Marie-France Irigoyen.


 
   
 
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