apocalipsis conyugal
  Capítulo XXXI - Todo pasa...
 

Toda bestia ha sido domada por el hombre. Pero ningún hombre ha sido capaz de domar la bestia interna, que es un mal lleno de veneno mortal. Hipócritamente  hombres pérfidos y mujeres pérfidas, por un lado llevan crucifijos colgados de sus cuellos y los exhiben en sus bufetes, consultorios y oficinas, junto con el busto de Bolívar. No por patriotas sino por avariciosos. Y por otro lado maldicen las bendiciones que reciben de sus amigos y parientes, clientes y pacientes, amantes y esposos, traicionando las buenas intenciones de aquellos que les han demostrado amor, de una u otra forma. Destrozándolo cual gato destripado en cualquier carretera o calle del territorio. Y se quedan como si tal cosa. Y se justifican ante los demás mediante la mentira y la calumnia y la maledicencia. (1)

 

Sin ningún tipo de remordimiento por el asesinato del amor.

 

Porque para extirpar el amor del esposo y el amor del padre y el amor del hijo, se requiere una fuerza de maldad extrema. Y es una lástima que la maldad no sea tan evidente como lo que representa, un tumor canceroso en el alma. El maligno debería heder podrido para poder ser reconocido en el acto. Tal como se describe el olor sulfuroso de Satanás, la antítesis del amor.

 

Porque el amor debería ser capaz de soportarlo todo, ya que todo lo sufre, todo lo soporta, todo lo cree. Es benigno, no tiene envidia, no es jactancioso ni se envanece, no hace nada indebido, no es egoísta, no se irrita ni guarda rencor. No se goza en la injusticia y disfruta la verdad. Nunca deja de ser a pesar de todo. (1) Y por encima de todo, es energía,  y como tal no puede acabarse, solo transformarse. El amor tal como el Boro, es realmente como se ha expresado, el quinto elemento (2). Compañero de la tierra, el aire, el viento y el fuego. Por eso quien trate de extirparlo, no puede ser otro que la representación de Hades (3) en la Tierra. Son las personas que cargan la bestia en su humanidad. Son esas las personas que en lugar de dar paz y placer con el amor, hieren al amor con la espada hipócrita y cínica del engaño, de la traición y obligan a quien recibe el hierro en sus entrañas y en su mente, a alejarse de sus umbrales, hacia un mundo sin primaveras, lleno de risas fingidas y llantos ahogados (4)... con la confianza para amar de nuevo..., momentáneamente  muerta.

 

Porque se puede tener la capacidad del profeta, se pueden entender todos los misterios y comprender toda la ciencia, así como poseer toda la fe del mundo, pero todo eso se siente vacío si no hay amor (5).

 

Así pueda un pseudoamor fingido ocasionar el Apocalipsis para alguien..., para Francisco..., y para otros que han pasado predicamentos similares al enamorarse de la bestia anidada en la mujer equivocada..., solo el amor será capaz de evitar el Apocalipsis para la humanidad.

 

Sólo el amor será capaz de revertir el Apocalipsis personal en quien lo sufra.

 

Permitiéndole así..., el escape del infierno y del acoso moral y psicológico que lo provocara.

 

Porque... TODO PASA...POR CULPA DEL AMOR... y GRACIAS AL AMOR.

EPÍLOGO:


 “Y Dios verá con benevolencia que la bestia sea destruída” (6
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La paz sea contigo. Eras tú quien necesitaba encontrar la paz. Porque el rechazo primigenio que sufrieras y del cual conocieras a tan tierna edad, te obligó por el camino del rencor, el cual aprendiste a caminar aún impensadamente. Por eso aprendiste a hacer daño sin saberlo. Por eso te enseñoreaste en la senda destructiva de todos los amores que encontraste a lo largo de tu vida en una actitud egoísta, consencuencia del despertar de tus genes bestiales, de tus genes de leopardo acechante, de mantis descabezante, de monstruo de Tasmania despojante, de Medea y de Hitler. Genes que todos poseemos, pero que gracias a una educación básica y a una vida llena de amor, mantenemos a raya con manifestaciones humanas como la música, la poesía, la expresión pictórica, la fotografía, la escritura, el baile, el canto, el altruismo, el amor por el prójimo, el respeto por nuestros semejantes. Por eso al mantener esa actitud deshumanizante, destruiste lo humano en alguno de tus semejantes quien retalió con un zarpazo destructivo, bestial, de muy baja ralea, para arrebatarte la vida y de esa forma obligarte, finalmente a encontrar la paz. Dios te bendiga y te tenga en su Santa Gloria, ya que gracias a su infinito amor y sabiduría le permitirá comprender, y hacernos comprender a nosotros, pobres mortales apenas de paso para repartir mas vida en esta vida,  el porque de tu destructiva senda y ante tal entendimiento, perdonarte definitivamente y darte la vida eterna. Amen.

 


 

 

 

1 Santiago 3: 1-12; Santiago 13: 1-13

2 El Quinto Elemento. Película protagonizada por Bruce Willis.

3 Abadon, Infierno, Seol.

4 Khalil Gibrán. El Profeta. Longseller. Bs. Aires, 2005, p. 41

5 Corintios 13:2

 6 Santo Tomás de Aquino

 
   
 
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